
Compro angustias

Una paciente comparte su inusual método para sentirse realizada: "comprar angustias". Busca crisis ajenas para demostrar su madurez, fe y crecimiento personal, ofreciendo ayuda.
Por Olga Hernández Bustamante Era mi paciente, llegaba a consulta por la sensación cada vez mayor de sentirse sola e incomprendida. Fue con ella que entendí que hay quienes usan la mirada de los otros para demostrarse a sí mismas algo, o sentirse de cierta manera. Más o menos así lo describía en su proceso: "Poco a poco me he dado cuenta de que no hay mejor medidor de la madurez y trascendencia que la manera en que alguien afronta los momentos de crisis que generan ansiedad. Es que es en esos momentos en que la persona les demuestra a los otros y confirma para sí mismo, la grandeza de su mente y su corazón. Tener calma, paciencia y sabiduría. No responder a los gritos o con una avalancha de miedos, confiar en la cercanía espiritual con Dios y en su manera de acompañarnos en todos los momentos. Es por eso por lo que compro angustias. Suena raro, lo sé, pero es que justamente a mí, que me gusta confirmar mi trascendencia, me ha tocado una vida tranquila y en calma. Una familia con la que tengo diferencias, pero no discusiones irreconciliables, una buena vida de pareja a pesar de alguno que otro desencuentro, posibilidades económicas que no me tienen en el exceso de riqueza, pero que me permiten el privilegio de vivir tranquila. Entonces, imaginarás… ¡En mi vida no hay angustia! Pocas oportunidades para ponerme a prueba, pocas oportunidades para que mi fe y mi crecimiento puedan probarse y mostrar todo lo que he podido entender sobre la vida. Es por eso que, cuando veo a personas angustiadas y preocupadas necesito acercarme a ellas. Necesito que me vean como la persona sabia que he ido construyendo, necesito que me pidan consejo y ayuda, que mi punto de vista les clarifique sus emociones y que puedan, gracias a mi presencia, sentir que tienen herramientas para salir de la crisis. Necesito sentir que mi fe y mis oraciones son las que los ayudan a salir adelante, que después de tantos años he logrado mi propósito de ser una mejor persona y que por esa razón, seguramente, mis oraciones funcionan, me gusta eso de suponer que tengo línea directa con Dios. Por eso voy ofreciendo mi ayuda incluso donde no me la piden y me duele profundamente que mi ofrecimiento sea recibido con apatía o con rabia. Pero incluso en esos momentos, recuerdo que ese dolor por el rechazo es una angustia propia que puedo usar para seguir avanzando y creciendo, que el rechazo habla mal de ellos y no de mí, de su poca disposición para cambiar y crecer, teniendo frente a ellos la oportunidad de ser mejores. Si, compro angustias como estrategia para ser cada vez más una mejor persona, para calmar ese deseo de poder trascender y dejar huella".