
Completud

En la búsqueda de la plenitud femenina, se explora la necesidad de abrazar todas las facetas del ser. La autora reflexiona sobre la importancia de integrar sombras y luces para lograr la autenticidad y el empoderamiento.
Por Olga Leonor Hernández B. Para seguir siendo, llamo a todas las que soy, las que he sido y las que voy a ser. No, no es un trabalenguas sino la traducción de la búsqueda de muchas mujeres que conozco: Ser y sentirse completas. Para seguir siendo necesitamos dejar de negar una parte de nosotras mismas por preferir otra tal vez políticamente más correcta, más "buena", más "calladita", más aceptable y por esa razón más amable (que se puede amar). Para seguir siendo nos corresponde abrir las puertas a todas nuestras posibilidades, aunque eso me implique reconocernos en nuestras sombras y no solo admirar y dejar que admiren las zonas luminosas. Sabernos buenas y "queribles" aunque no seamos obedientes, sabernos poderosas incluso en esos momentos de mayor vulnerabilidad. Necesitamos invitar a todas las que somos para que puedan estar presente en todo momento. Necesitamos dejar de sentirnos divididas. Necesitamos dejar de sentir que al amar a alguien inmediatamente nos corresponde asumir el papel de la mujer vulnerable y débil que necesita ser cuidada y por lo tanto estar convencida que es en la soledad el único lugar donde nuestro ser auténtico puede fluir. Necesitamos sentirnos igual de sexys con pijama de encaje y con pijama de algodón, necesitamos confiar en el poder de nuestros brazos y piernas, en la fuerza de nuestro corazón y al mismo tiempo en su suavidad. Sí, sabemos que tenemos la fuerza para sostenernos a nosotras mismas y a los demás, pero también podemos hacer pucheros y preferir un abrazo que nos arrulle y sostenga. Tenemos que aprender que lo uno no niega lo otro, que los vínculos no anulan nuestra fuerza, que si somos independientes podemos ser amadas y queridas. Debemos dejar de huir de nuestra fuerza por miedo a quedarnos solas. Conozco mujeres aterrorizadas ante su poder. Que viven anudando su fuerza para poder ser amadas por los demás, y no me refiero solo a la pareja, sino también a la familia, amigos, etc. Conozco mujeres que viven con una sensación permanente de ahogo y desesperación y que confunden con ansiedad o depresión la urgencia que sienten en la garganta de gritar aquello que realmente piensan y sienten. Conozco mujeres desgastadas, pero no de pelear con el mundo sino de mantener su fuerza a raya. Conozco mujeres que cuando descubren su verdadera fuerza, corren libremente como mirando el mundo por primera vez. Conozco mujeres que han tenido que renunciar a ser buenas con tal de poder sentirse plenas y otras que, por miedo, prefieren la bondad a la completud. Para seguir siendo, llamo a todas las que soy, las que he sido y las que voy a ser. Para poder ser yo, llamo e integro en mí, todas mis posibilidades.