
Comentario de orden (II)

Un incidente trivial con un pájaro desató una reflexión sobre la adversidad y la autoridad médica. La anécdota revela la importancia del criterio y la literatura en la vida.
Por Álvaro Bustos González* A la salida de UCLA, sin embargo, pasando por debajo de un árbol relativamente frondoso, un pajarito le dejó caer sobre la cabeza sus deyecciones, ante lo cual, más perplejo que disgustado, profirió el viejo proverbio de que, cuando uno está de malas, hasta los pájaros lo deshonran. No fue exactamente el término que usó, pero ustedes me entenderán. El dramaturgo alemán Freidrich Hebbel, para referirse a una contingencia similar, hubiera dicho: "Cuando no nos falta el vino, nos falta la copa". Y así fue: se trató de un momento desafortunado y risible, una trivialidad, que se resolvió sin aspavientos, con un guiño de complicidad. Diecinueve años atrás, en 1975, comenzando el Pipa sus estudios de radiología en el Hospital de San Ignacio, le llevé a mi hijo de un mes de nacido para que le hiciera una placa de tórax porque, luego de una larga espera en la oficina de uno de mis profesores de pediatría del pregrado, con la criatura hambrienta y llorando sin consuelo, lo encontraron agitado y taquicárdico. No sé con base en qué datos clínicos, el hecho es que le sospecharon una fibroelastosis endomiocárdica, lo que significaba un problema de marca mayor. La radiografía, no obstante, no mostraba cardiomegalia. Era Semana Santa. En San Ignacio le habían hecho un electrocardiograma, y tengo muy presente que un prestigioso cardiólogo de adultos de aquella época, acomodándose sus pequeñas gafas en la punta de la nariz, profirió imperturbable: "Ciertamente, este trazo es característico de la fibroelastosis endomiocárdica". Para no alargar la historia, mi primogénito no tenía nada. Su corazón estaba sano. Quizá había demostrado tempranamente cierta impaciencia, se puso de mal genio, armó la zaragata en el consultorio y, por supuesto, lo hallaron taquicárdico. Tiempo después comprendí mejor los riesgos que conlleva el criterio de autoridad en el ejercicio de la medicina. Algún día, en virtud de la afición del Pipa por las bellas letras, le compartí mi admiración por el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, cuyas memorias, tituladas La tentación del fracaso, literalmente lo encandilaron. A partir de ahí, él ha seguido leyendo la obra cuentística y las novelas de Ribeyro con profusión y agrado, mientras que nuestro afecto mutuo, por culpa de la literatura y de azares como el de esta noche, se hace cada vez más sereno y profundo, mientras la vida, con todas sus alegrías y tristezas, nos sigue acompañando, ojalá durante muchos años más. Mil gracias. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.