
Comentario de orden (I)

El doctor Álvaro Bustos González celebró el ingreso del doctor Héctor Espinosa García a la Academia Nacional de Medicina, destacando su trayectoria en radiología intervencionista y su amistad.
Por Álvaro Bustos González* Palabras del doctor Álvaro Bustos González en el Auditorio César Augusto Pantoja, de la Academia Nacional de Medicina, el 30 de enero de 2025, con motivo del ingreso a la academia, como miembro correspondiente, del doctor Héctor Espinosa García. Doctores Gabriel Carrasquilla Gutiérrez, presidente de la Academia Nacional de Medicina; David Vásquez-Awad, vicepresidente; Gustavo Landazábal Bernal, secretario; Michel Faizal Geagea, tesorero, y Zoilo Cuéllar Montoya, canciller. Señoras y señores: Cuando el doctor Gustavo Landazábal me invitó a hacer el comentario de orden al ingreso del doctor Héctor Espinosa García como miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina, él no sabía que yo tengo un conocimiento prehistórico del doctor Espinosa, puesto que nuestros padres fueron amigos y nosotros vivimos juntos un tiempo en Bogotá, en la calle 46 con carrera cuarta, en un lugar al que llamábamos "Donde las águilas se atreven", en la época en que ambos estudiábamos en la Universidad Javeriana. Por esto, y debo señalarlo sin rubor, no voy a declarar un conflicto de interés, porque aquí no se trata de ningún provecho material ni de ninguna violación a las normas de la producción intelectual: sólo voy a hacer un reconocimiento a un profesional de excepción, experto en radiología intervencionista, como ustedes han podido constatarlo, y a un ser humano que, desde que lo conozco, no ha hecho sino cultivar los valores del estudio, el trabajo juicioso y la honradez personal. Cuando leí el texto de su conferencia, que involucra la historia de la radiología intervencionista en el mundo y en Colombia, no pude sino sentir un íntimo y fraternal orgullo ante su sincera confesión de que, en buena medida, su trasiego por esta área de la radiología fue el producto de una vocación espontánea y de una autoformación exigente, aprovechando, aquí y allá, con ilustres tutores, las oportunidades de profundización que se le fueron presentando. En efecto, tengo nítido el recuerdo de una vez que, estando el Pipa (así lo conoce media humanidad) en Ucla, en Los Ángeles, aprendiendo más de todas estas cosas, y yo disfrutando del campeonato mundial de fútbol de 1994, me llevó a la biblioteca de la universidad y, como un padre munificente, me imprimió todas las fotocopias que yo necesitaba en aquel momento sobre avances en infectología pediátrica. Siempre le agradecí ese gesto en el alma, que él asumió con una cordial discreción. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.