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Opinión

Colombia y el deporte paralímpico

Rafael Negrete Quintero
Rafael Negrete Quintero
Columnista
11 de septiembre de 2024

En París 2024, Colombia contrastó: decepción olímpica vs. triunfo paralímpico. Mientras unos luchan con falta de apoyo, otros demuestran que la grandeza surge de la adversidad.

Por Rafael Negrete Quintero El deporte colombiano es un mosaico de realidades que se evidencian en el contraste entre los resultados de los atletas olímpicos y los paralímpicos en París 2024. Mientras que los primeros regresaron con apenas cuatro medallas y una sensación agridulce, los atletas paralímpicos se erigieron como verdaderos héroes nacionales, llevando a Colombia a lo más alto del podio en diversas disciplinas. En un país donde el apoyo al deporte siempre ha sido un tema espinoso, los paralímpicos nos recuerdan que la verdadera grandeza surge de la adversidad. El rendimiento de los atletas no paralímpicos fue, por decirlo suavemente, decepcionante. A pesar de la inversión estatal que, en teoría, debería haber impulsado mejores resultados, solo se cosecharon tres medallas de plata y una de bronce. Estos números contrastan fuertemente con los éxitos de años anteriores, lo que ha generado un debate sobre la eficiencia del sistema de apoyo deportivo en Colombia. Las quejas de los propios atletas no tardaron en llegar. Tatiana Rentería, medallista de bronce en lucha libre, declaró abiertamente que si hubiera tenido un mayor apoyo estatal, sus logros habrían sido aún más significativos. Pero es en el terreno paralímpico donde Colombia demostró que, incluso con recursos limitados, el talento y la dedicación pueden sobreponerse a cualquier obstáculo. Los paralímpicos, acostumbrados a competir en un entorno mucho más desafiante, no solo por las barreras físicas, sino por la falta de visibilidad y apoyo, lograron lo que parecía imposible. Con una cosecha de medallas que dejó boquiabiertos a todos, estos atletas demostraron que el verdadero potencial deportivo de Colombia reside en aquellos que, a pesar de todo, siguen adelante. La actuación histórica de nuestros paralímpicos no es casualidad; es el resultado de años de esfuerzo, sacrificio y una determinación inquebrantable. Mientras los titulares se centran en la falta de oro entre los atletas olímpicos, el brillo de las medallas paralímpicas es innegable. Este logro no solo es un motivo de orgullo nacional, sino una llamada de atención para las políticas deportivas del país: el talento existe, pero necesita apoyo, visibilidad y recursos para florecer. Colombia debería mirar más allá de los resultados tradicionales y comenzar a invertir de manera más equitativa en todos sus deportistas. Si los paralímpicos han logrado tanto con tan poco, ¿qué pasaría si todos recibieran el apoyo que merecen? La reflexión es clara: el éxito deportivo no se mide solo en oros olímpicos, sino en la capacidad de sobreponerse a la adversidad. Nuestros paralímpicos lo han demostrado, y es hora de que el país responda a su ejemplo.