
Colombia: Nación a la deriva entre el caos y la violencia

Colombia enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes. La violencia, la impunidad y la ausencia estatal sumen al país en el miedo y el caos. El Catatumbo es un crudo reflejo de la realidad.
Por Félix Manzur Jattin Colombia vive hoy una de las etapas más sombrías de su historia reciente. La inseguridad se ha convertido en el pan de cada día para millones de ciudadanos que ven cómo el orden público se desvanece mientras el Estado parece ausente o complaciente. En vastas regiones del país, especialmente en zonas rurales, la autoridad legítima ha sido reemplazada por estructuras criminales que imponen su ley a sangre y fuego. El Catatumbo es el retrato más crudo de esta realidad: tierra de nadie, campo de batalla de guerrillas, disidencias de las Farc, el ELN y clanes narcotraficantes. Masacres, desplazamientos, cultivos ilícitos, secuestros y extorsiones son el pan de cada día. Y como el Catatumbo, hay muchas otras regiones del país donde el miedo gobierna: Arauca, el sur del Cauca, el Bajo Cauca antioqueño, el Pacífico nariñense, entre otros. La fuerza pública, maniatada por decisiones políticas, opera con un presupuesto reducido y bajo una narrativa que, en vez de respaldarla, parece culpabilizarla. Soldados y policías caen asesinados mientras intentan cumplir su deber, y la respuesta oficial es tibia, lenta, a veces inexistente. La justicia, por su parte, actúa con lentitud desesperante, lo que ahonda la sensación de impunidad y abandono. Al mismo tiempo, crece la percepción de que desde el poder se simula un diálogo de paz mientras se permite que estructuras armadas ilegales se fortalezcan. En muchos municipios, el control lo ejercen los actores armados y no las autoridades elegidas. La ciudadanía queda a merced del delincuente. El campo, desolado, sufre invasiones y desplazamientos mientras se debilita el aparato institucional. La situación es crítica. No se puede hablar de paz cuando hay regiones completamente sometidas por el terror. No hay progreso posible sin seguridad ni justicia. La desidia estatal, la falta de acción firme y la permisividad disfrazada de diálogo solo fortalecen a quienes viven de la violencia. Colombia necesita recuperar el control territorial, fortalecer sus instituciones y proteger a su gente. Lo contrario es condenar al país a vivir secuestrado por el miedo, la ilegalidad y el desgobierno. El Estado debe volver a ser garante de orden y justicia, o el caos será irreparable.