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Opinión

Colombia bajo las garras subversivas

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
7 de abril de 2025

La seguridad en Colombia se desploma ante el avance de grupos armados. Cifras alarmantes revelan crecimiento territorial y violencia descontrolada, pese a la fallida "paz total".

Por Félix Manzur Jattin Colombia enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes, resultado del avance implacable de grupos subversivos como el ELN, las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo. Mientras el Gobierno habla de "paz total", la realidad en los territorios refleja un país tomado por la violencia, donde la criminalidad y el terror avanzan sin freno. Las cifras son alarmantes. En el último año, el control territorial de estos grupos ha crecido en un 35 %, expandiendo su presencia en más de 200 municipios. Departamentos como Nariño, Cauca, Putumayo, Arauca, Norte de Santander y Chocó están bajo el yugo de la subversión, donde el Estado prácticamente ha desaparecido. Las extorsiones, el reclutamiento forzado y las masacres se han vuelto el pan de cada día. El ELN ha fortalecido su estructura en regiones estratégicas, aprovechando los diálogos de paz para rearmarse y consolidar su dominio en zonas clave del Catatumbo y el sur del país. Mientras tanto, las disidencias de las Farc han ampliado su presencia en más de 150 municipios, convirtiéndose en una amenaza latente para la población civil. En paralelo, el Clan del Golfo impone su ley en la Costa Atlántica, Urabá y el Bajo Cauca, con operaciones de narcotráfico y sicariato que han incrementado la violencia en un 40 %. El incremento de estos grupos ha generado una ola de desplazamientos masivos y una crisis humanitaria sin respuesta efectiva del Estado. En 2024, más de 250.000 personas han tenido que huir de sus hogares debido a enfrentamientos armados y amenazas. En departamentos como Cauca y Nariño, comunidades enteras están bajo el control de estos grupos, mientras la institucionalidad se desmorona. A pesar de la evidencia del caos y la inseguridad, el Gobierno insiste en negociaciones sin garantías de desarme real. La llamada "paz total" ha resultado en un fracaso rotundo, permitiendo el fortalecimiento de la insurgencia y el aumento del narcotráfico. La permisividad del Estado ha dejado en el olvido a miles de víctimas, mientras el país se hunde en una espiral de violencia. Colombia está atrapada en un laberinto de terror, donde los grupos armados dictan las reglas y la población paga con su vida el precio de una paz inexistente. Sin una estrategia clara para recuperar el control del territorio, la nación seguirá bajo las garras de la subversión.