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Opinión

Clubes de ciencia y tecnología

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
15 de abril de 2026

En América Latina, hablar de desarrollo sin hablar de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas es seguir mirando el futuro por el retrovisor. Las carreras STEM son la infraestructura intelectual que sostiene la competitividad, la innovación y la capacidad de un país para resolver sus propios desafíos. Por eso, cultivar el interés temprano en estas áreas es una urgencia educativa y económica.

En América Latina, hablar de desarrollo sin hablar de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas es seguir mirando el futuro por el retrovisor. Las carreras STEM son la infraestructura intelectual que sostiene la competitividad, la innovación y la capacidad de un país para resolver sus propios desafíos. Por eso, cultivar el interés temprano en estas áreas es una urgencia educativa y económica. El Banco Interamericano de Desarrollo lo recordó recientemente al analizar los clubes de ciencia y tecnología en Perú. Su mensaje es contundente: cuando los estudiantes tienen experiencias prácticas, cercanas y estimulantes en STEM, aumenta su motivación, mejora su desempeño y se amplía su horizonte de posibilidades. No se trata solo de formar futuros ingenieros o programadores; se trata de desarrollar pensamiento crítico, creatividad y resolución de problemas, habilidades que cualquier sociedad necesita para prosperar. Colombia enfrenta un reto evidente. Aunque el acceso a internet y a dispositivos ha mejorado, la brecha en competencias científicas y tecnológicas sigue siendo profunda. La matrícula en programas STEM en educación superior continúa siendo baja en comparación con la demanda laboral. Mientras tanto, sectores como software, energías renovables, biotecnología y análisis de datos crecen más rápido que nuestra capacidad de formar talento. Cultivar interés en STEM desde la escuela no significa convertir cada aula en un laboratorio sofisticado. Significa acercar la ciencia a la vida cotidiana, permitir que los estudiantes experimenten, se equivoquen, construyan y descubran. Significa formar docentes con herramientas pedagógicas actualizadas y darles tiempo para innovar. Significa crear espacios extracurriculares donde la curiosidad sea el motor y no la excepción. También implica derribar barreras culturales. En muchos hogares, las carreras STEM se perciben como difíciles, inaccesibles o “solo para genios”. Esa narrativa excluye, especialmente a niñas y jóvenes de zonas rurales. La evidencia muestra que cuando se les expone a modelos cercanos, proyectos reales y ambientes de apoyo, su participación aumenta de manera significativa. Colombia, la Región y Caribe y el Departamento de Sucre, necesitan una estrategia que articule escuela, sector productivo, academia y gobierno para sembrar vocaciones en ciencia y tecnología desde la infancia. Esta sería una apuesta en concreto por la movilidad social, la productividad y la soberanía tecnológica. Si queremos un país que innove, que compita y que resuelva sus propios problemas, debemos empezar por encender la chispa de la curiosidad científica en cada niño y cada joven. Esa es la verdadera infraestructura del futuro.