
Civilización y Cultura

Cumplido el periplo europeo de mi gran amigo José Luis Méndez, y rompiendo su promesa de no volver a escribir, no tuvo más remedio que entregarle a la memoria y a sus más cordiales emociones unas páginas llenas de lucidez y buenos sentimientos, en las que vienen enhebradas las vivencias y los conceptos que, afincados en nuestra herencia cultural, constituyen lo que hoy conocemos como civilización occidental.
Tengo para mí que el requisito indispensable de la civilización es la cultura, y que ésta es una amalgama que surge de la historia, las costumbres y la ciencia, fenómenos que no siempre se dan de manera lineal, sino que se enriquecen con las virtudes y defectos de las sociedades humanas, en las que, como todo lo que nace de las contradicciones y ambivalencias del ser, paso a paso van configurando un carácter, una forma de entender la vida y la muerte, y de expresarse artísticamente a través de los mitos, la música, la pintura y la literatura. Durante la lectura de la crónica, me quedé esperando el relato de su reencuentro con Madrid, la ciudad en la que había vivido cuando niño con sus padres y hermanos, en especial del estado actual del barrio donde habitaron, pero tuve que aceptar que hay recuerdos que el tiempo desvanece como si fueran cayenas al atardecer, y que recuperar la nitidez de las guirnaldas y los juegos infantiles no siempre es posible setenta años después. Conociéndolo como lo conozco, vulnerable a las expresiones artísticas, no me extrañó lo que le pasó en la catedral de San Vito, en Praga, donde, abrumado por la belleza del arte gótico y religioso, casi se prosterna como un acto de humildad ante tanta munificencia. Supongo que en ese momento, sin temor a equivocarme, se acordó de Baruch Spinoza, el filósofo neerlandés, para quien Dios estaba en todas las bellas expresiones de la naturaleza y de la inteligencia humana. Con toda justicia llama Pepe la atención sobre la necedad de algunas tendencias ideológicas que pretenden abolir el pasado con base en la leyenda negra creada contra el Descubrimiento de América, cuya herencia tangible es mayor que sus insalvables ignominias. Bien recuerdo cuando llevé a mi hijo mayor a la cúspide de la Pirámide del Sol, en Teotihuacán, donde se sacrificaban niños para fertilizar los campos con su sangre. Ahí entendí mejor la situación precolombina y la importancia del descubrimiento. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.