
Cioran, 30 años

El martes 20 de junio de 1995 el mundo lector se acostó con una noticia: el escritor apátrida Emil Cioran había pasado al otro andén, en su eterna Calle del Odeón en París. Yo tenía 20 años cumplidos y gastaba mis días entre los libros, las tertulias literarias y las películas de mi adolescencia currambera. Estudiaba Comunicación en la Universidad del Norte, pero, mi vida no seguía otra brújula que las artes y las letras. "Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación".
El martes 20 de junio de 1995 el mundo lector se acostó con una noticia: el escritor apátrida Emil Cioran había pasado al otro andén, en su eterna Calle del Odeón en París. Yo tenía 20 años cumplidos y gastaba mis días entre los libros, las tertulias literarias y las películas de mi adolescencia currambera. Estudiaba Comunicación en la Universidad del Norte, pero, mi vida no seguía otra brújula que las artes y las letras. "Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación". Todo en mi interior era caótico, felizmente, por eso decidí huir de las prosaicas promesas de la burguesía barranquillera para deambular por la decadencia poética de la aristocracia cartagenera. Por aquellos días era un "flâneur", aún sin saberlo. Y, de ese estado de inocencia, me sacó una musa filosofal al recomendarme al escritor enigmático que ya era habitado por la leyenda de su ostracismo y de su lúcido pesimismo. Lo devoré encantado. Por su marcado sentido del humor, tan lacerante como vivido. "Un espermatozoide es un bandido en estado puro". Toda su obra la recomiendo, con una precaución: no tomárselo en serio. Leerlo como quien visita al psiquiatra sin ser su paciente, o como quien se da un paseo por el cementerio, sin detenerse en tumba alguna. Recuerdo especialmente, y con una exquisita sonrisa en los labios, los siguientes títulos: "En las cimas de la desesperación", "De lágrimas y de santos", "El ocaso del pensamiento", "Breviario de podredumbre", "Silogismos de la amargura", "La tentación de existir", "El aciago demiurgo", "Del inconveniente de haber nacido" y "Ese maldito yo". Tengo varios pendientes. En la mira: "Historia y utopía". "Oblíguese a la gente a acostarse durante días y días. Los colchones lograrían lo que ni las guerras ni los eslóganes han conseguido. Pues las maniobras del tedio superan en eficacia a las de las armas y a las de las ideologías". Después de años de leerlo y citarlo entre amigos y amantes, decidí atreverme a traducir una entrevista a Cioran publicada por el Magazine Littéraire en febrero de 1999, pero realizada en París por Hans-Jurgen Heinrichs en alemán, en 1983. Fue necesaria la ayuda de un diccionario, la risa del capitán del Hotel Bellavista Enrique Sedo, la corrección de una pasajera llamada Camille Cross y seis meses de paciencia. La publicó una revista con la cual sostenía un romance por aquellos días. Ahora sabemos que el conocimiento arruina el amor. "No reducirse a una obra; sólo hay que decir algo que pueda susurrarse al oído de un borracho o de un moribundo".