
Cincuentones

A los 50, la vida no es una carrera. El autor reflexiona sobre la edad, la actitud y la búsqueda de la felicidad, desterrando miedos y celebrando cada etapa.
Por José Armando Benítez Tuirán. En este 2024 nos volvemos cincuentones muchos de mis amigos más cercanos y queridos (incluyendo a mi compañera) y yo. Llegamos a las bodas de oro de la vida con la convicción; no de que los cincuenta son los nuevos cuarenta, pero sí de que no son los mismos cincuenta de nuestros padres. Y es que la modernidad ha ido alargando la existencia de las personas y con ello, la sensación de que la juventud se extiende cada vez más, haciendo lo propio con las edades medianas. ¡La edad es un estado mental! Falso de toda falsedad. Pues, como dijo el filósofo corroncho, Miguel Almanza: "Viejo es viejo". Verdad innegable e irrefutable. La edad son los años vividos, no hay más. Pero, como afrontemos cada momento, como actuemos en nuestro día a día, hará que nos vean, y, sobre todo, hará que nos sintamos más o menos viejos de lo que somos. Lo cierto, es que cuidarse a sí mismo tiene una valiosa recompensa: sentirse bien con la edad que se tiene. Hay viejos que son protagonistas de la actualidad mundial, que nos demuestran que no hay edad límite en la lucha por alcanzar los sueños, por vivir la vida que se quiere vivir. A los cincuenta se deja de ver la existencia como una carrera en la que hay que cruzar las metas en las mismas edades que lo hacen los demás. Cada uno construye el camino que quiere (o que puede) y ningún trasegar por la vida tiene menos o más valor que otro. Cada uno, como único amo y dueño de sus días, tiene legítimo derecho a hacer lo que le provoque en cada momento. Cuando rondamos los cincuenta tenemos la posibilidad de aspirar a todo sin temor al fracaso, pues qué importa sumar uno más, a la lista de las cosas que no pudimos alcanzar. Vergüenza y ganas de perder el tiempo, son dos cosas que no tenemos los cincuentones. Hay que sacarle partido a eso. Hay que plantearse retos, metas, sueños y tratar de convertir las posibilidades en realidades. No todos los sueños vienen vestidos de triunfos públicos, la mayoría de las veces, encontrar paz interior y dedicar los días a hacer lo que nos apetezca, es el mayor de los éxitos. Hay que aprender a disfrutar de los caminos y a dejar de obsesionarse con las llegadas. ¡Que vivan los cincuenta! ¡Que alegría poder vivirlos!