
Ciento cuarenta y cuatro

Dice el capítulo 7 del libro del Apocalipsis: "Luego vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: «No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios.» Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel".
Luego el autor nos recuerda que serán sellados 12.000 de cada una de las 12 tribus: Judá, Rubén, Gad, Aser, Neftalí, Manasés, Simeón, Leví, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. No es casual que Jesús de Nazaret, nuestro Salvador, haya escogido a 12 apóstoles para que lo acompañaran en Su Ministerio: uno por cada tribu de Israel. Traigo el tema porque están leyendo mi columna número 144 en este bendito diario, que es un instrumento al servicio del pueblo de Dios desde hace treinta años. Y es deber de este indigno servidor darles testimonio de la Grandeza, Compasión y Misericordia de Dios, Nuestro Señor. La semana pasada mis amados hermanos de la comunidad de Emaús Hombres de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Cartagena de Indias me concedieron el honor de portar conmigo la bella imagen de San José viajero para que me acompañara e inspirara en la vida cotidiana. El sábado por la noche recibí la visita de una vecina, quien me enseñó la imagen y devoción de La Niña María, también conocida como Divina Infantita, que es una representación de la infancia de La Virgen María, Madre de Dios y Señora Nuestra. Fueron días de mucha exigencia y continuas pruebas de Fe. Gracias a Dios y a la intercesión de sus santos, de sus ángeles y de mis hermanos, pude afrontar las pruebas con entrega y plena confianza en que la Voluntad del Padre debe estar siempre por encima de nuestra pequeñez humana. San José y La Niña María me trajeron a la Casa Azul, un apartamento bendito en el sector de Getsemaní, que ha hospedado y servido a más de 30.000 hombres y mujeres de los cinco continentes. Atendida por un sabanero extraordinario llamado José Miguel Pérez Beltrán, dueño de una vocación de servicio, intuición y don de la palabra que lo han convertido en un sinigual Embajador del Caribe. José Miguel es un gran viajero y un noble hombre de Fe. Pasó una larga temporada en España y volvió en 2012. ¡Larga vida para José! Amén.