
Cien días

A 100 días de gobierno, alcaldes y gobernadores enfrentan la cruda realidad: escasez presupuestaria, dependencia nacional y promesas incumplidas. El desafío: priorizar servicios y rentas propias.
Por Fernando Negrete M. Este 9 de abril llegan a sus primeros cien días de gobierno los 32 gobernadores y 1115 alcaldes que iniciaron sus mandatos el 1 de enero de 2024, tiempo que se han dedicado a palpar y conocer lo que es la administración pública y sentir que "el tigre no es como lo pintan", sino mucho peor en el sentido que los ríos de oro soñados, no son tales y que la abundancia de recursos públicos no existe, las deudas absorben parte importante del presupuesto y las necesidades crecen todos los días y la realidad es otra, especialmente los reclamos por los compromisos o acuerdos pactados que no pueden cumplirse. Ante la dificultad del arranque, existe la excusa de estar elaborando los planes de desarrollo configurados por los gastos recurrentes, especialmente los de nómina y servicio de la deuda, quedando solo un residuo para la inversión social y en "concreto", que sería el ideal para hacer las innovaciones y cambios para cumplir el recetario de promesas que se hicieron en campaña, ante el desconocimiento de las fuentes que respaldarían los nuevos gastos. Estas afugias presupuestales locales y la dependencia del nivel nacional que absorbe más del 30% de los recursos públicos, condenan a los entes territoriales a vivir a expensas de las transferencias y de las asignaciones e inversiones directas de la nación y con cifras que superan ampliamente la suma de los recursos de departamentos y municipios, que todos quedan deslumbrados ante la avalancha de proyectos que se presentan en los "cabildos" populares presidenciales de reciente aparición y que "institucionalizan" un supuesto poder popular. La pobreza de las administraciones públicas locales y la "abundancia" de la nacional, no debe llevar a alcaldes y gobernadores a subirse de forma alegre en ese tren porque lo que cuenta de forma permanente son las rentas propias, a la manera como las personas y hogares disponen solo de sus ingresos del trabajo y deben cuidarlos para que, en el largo plazo, sean portadores de la riqueza que surgió de los ahorros y no producto de anuncios, render y trinos que se lanzan, como en un jolgorio. En estos asuntos es bueno que la ciudadanía se informe sobre el origen de los recursos públicos y el uso que se haga de ellos, pero alcaldes y gobernadores deben estar atentos a la prestación de los servicios como expedición de pasaportes, licencias de funcionamiento, personerías jurídicas, pago oportuno de salarios, condiciones laborales, acceso al empleo público, que es lo que más interesa al ciudadano. Administrar no es decir no, encerrarse en eternas reuniones, solo escuchar a los "suyos", generar desconfianza en los funcionarios "patrimonio" de la administración y seguir gobernando con exclusión de los que no hacen parte del grupo, prácticas que se niegan a morir de nuestras administraciones públicas.