
Cien años de una sonora inmortal

En Matanzas, Cuba, "La Atenas" musical, nació la Sonora Matancera, orquesta que inmortalizó la música tropical. Revive su legado con sus 47 cantantes icónicos.
Por Valmiro Sobrino Oliveros. Cuando el bus en que veníamos de La Habana se detuvo varios kilómetros antes de llegar al esplendoroso balneario internacional de Varadero le pregunté a la guía del tour: ¿Qué ciudad es esta tan bella? ¡Matanzas! me contestó. Hicimos un recorrido por sus maravillosas calles en la llamada "ciudad de los puentes" surcada por los ríos San Juan, Yumurí y Canimar, pero aparte de ese apodo lo que más me inquietaba era saber por qué le decían "La Atenas de Cuba". Un acontecimiento histórico había ocurrido 90 años antes allí: El 12 de enero de 1924 en el barrio "Ojo de Agua" en la casa de Valentín Cané se había fundado la orquesta La Tuna Liberal que años después él la bautizara como la Sonora Matancera junto con Pablo Vásquez, Ezequiel Frías Gómez, José Rosario Chávez, Ángel Alfonso Furias, y Carlos Díaz Alonso. Tuve en ese momento infinidad de emociones encontradas. Por un instante no sabía si era una ilusión o una realidad lo que me estaba ocurriendo. Recordé en silencio mis años juveniles en "Mi Kiosquito" en Barranquilla. Por esa prolífica orquesta que ha tocado 52 ritmos diferentes pasaron 47 cantantes de nueve países, hombres y 11 mujeres: Víctor Piñero, Miguelito y Vicentico Valdez, Bobby Capó, Alberto Beltrán, Carmen Delia Dipini, Celia Cruz, Daniel Santos, Nelson Pinedo, Celio González, Toña La Negra, Carlos Argentino Torres, Leo Marini, Yayo "El Indio", Bienvenido Granda, y otros que fueron los mejores intérpretes de la música tropical de Latinoamérica. En una visita que realizó a Cuba en 1955, Pedro Vargas cantó a dúo con Celia Cruz el bolero "Obsesión" que hiciera famoso a Daniel Santos. Evoqué en ese instante todos estos recuerdos; sus Congos de Oro ganados en Festivales de Orquesta de carnavales de Barranquilla; instante prodigioso como si la vida me hubiese puesto nuevamente en aquellos momentos en que la música era un arte y no una vulgar producción de enlatados comerciales como hoy. Época de oro que no volverá; los artistas están desapareciendo; la sociedad de consumo vende embutidos con el nombre de música. Agradeceré eternamente a aquellos que nos enseñaron a amar la música, y saber que ella no morirá porque es trascendente; porque lo grande no se extingue; porque el arte vive en aquellos paradisíacos y etéreos territorios de la inmortalidad donde solo pernocta lo sublime. ¡Sonora, tú eres inmortal!