
Ciclo del poder y decisión de Abelardo

En la historia de las naciones, el poder no es estático: muta, se corrompe, renace y vuelve a caer en los mismos abismos. Esa idea fue desarrollada por el historiador griego Polibio mediante la teoría de la anaciclosis, un ciclo en el que las formas de gobierno transitan de la monarquía a la tiranía, de la aristocracia a la oligarquía y de la democracia a la demagogia. Un eterno retorno donde las virtudes iniciales se degradan por la ambición y la falta de principios.
Colombia no ha sido ajena a estos ciclos. La degradación institucional, la corrupción y las alianzas cuestionables han debilitado la confianza ciudadana. En este escenario emerge la candidatura de Abelardo de la Espriella Otero, quien ha optado por una decisión que rompe con la lógica tradicional del poder: abstenerse de recibir apoyos políticos “non sanctos” que, aunque pudieran fortalecer su maquinaria electoral, comprometerían la legitimidad de su eventual gobierno. Esta postura no es menor. En el contexto de la anaciclosis, representa un intento consciente de evitar la degeneración prematura del sistema. Cuando un líder accede al poder mediante pactos oscuros, siembra desde el inicio las semillas de la corrupción que lo conducirán, inevitablemente, hacia la fase decadente del ciclo. Rechazar esos apoyos implica sacrificar ventajas inmediatas en favor de una construcción ética del poder. El desafío, sin embargo, es enorme. La historia demuestra que las transiciones virtuosas son escasas y frágiles. La tentación de ceder ante intereses particulares ha sido, una y otra vez, el punto de quiebre de los proyectos reformistas. De allí que la decisión del candidato no solo deba sostenerse en el discurso, sino también en la práctica constante. Si la anaciclosis enseña algo, es que los pueblos pueden romper el ciclo cuando la virtud supera a la ambición. La candidatura de Abelardo de la Espriella se inscribe, así, en una encrucijada histórica: repetir los errores del pasado o intentar, con firmeza y coherencia, cambiar el rumbo de la nación.