
Centralización y olvido

La descentralización en Colombia fracasa en la Costa Caribe. Recortes presupuestales, infraestructuras paralizadas y baja representación política frenan el desarrollo regional.
Por Félix Manzur Jattin La descentralización en Colombia, proclamada desde la Constitución de 1991, ha sido más una promesa que una realidad tangible para las regiones, especialmente para los siete departamentos de la Costa Caribe: Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena y Sucre. A pesar de representar aproximadamente el 20 % del territorio nacional y cerca del 22 % de la población, estas regiones enfrentan una distribución inequitativa de los recursos nacionales. Recortes presupuestales significativos. Para el año 2025, se proyectan recortes sustanciales en el presupuesto de inversión para varios departamentos del Caribe. Sucre enfrenta una reducción del 37,4 %, Córdoba del 36,9 % y Atlántico del 32,6 %. Estos recortes afectan directamente la capacidad de estas regiones para desarrollar infraestructuras esenciales y programas sociales. Disparidades en el Sistema General de Participaciones (SGP). El SGP, mecanismo mediante el cual la Nación transfiere recursos a las entidades territoriales, ha mostrado una tendencia decreciente en su participación sobre los ingresos corrientes de la Nación. Mientras que en 1991 las entidades territoriales recibían el 46,5 % de estos ingresos, para 2023 esta participación se redujo al 26 %, lo que representa una pérdida acumulada de $373,8 billones en 21 años. Infraestructuras paralizadas y falta de representación. La falta de inversión ha llevado a la paralización de obras de infraestructura vitales en la región. Proyectos como el tren que conectaría a La Guajira con el Urabá antioqueño, pasando por los departamentos costeros, siguen siendo una aspiración lejana. Además, la representación política de la región en el gabinete nacional es mínima, con solo un ministro entre dieciséis, lo que limita la influencia del Caribe en las decisiones. La descentralización en Colombia ha quedado en el papel, sin traducirse en una distribución equitativa de recursos y poder. La región Caribe, a pesar de su importancia estratégica y demográfica, continúa enfrentando desafíos significativos debido a políticas centralistas que limitan su desarrollo y autonomía.