
Cartas a Don Alberto (I)

Un legado familiar conecta al autor con España: su abuelo le enseñó a leer, su abuela a rezar. Descendiente de un servidor del Rey, se declara hispano y monárquico.
Por Ensuncho De La Bárcena Mi conexión con el Reino de España se la debo a mi abuelo materno, Papa Leo. Don Leonardo Emilio Bárcena Giraldo, abogado sin título de la Universidad de Cartagena, me enseñó a leer y escribir a los cuatro años, legándome nuestra cultura. Un año antes y algunos meses antes de morir, mi abuela Doña Juanita de Dios Isaza Viola me había enseñado a rezar el Santo Rosario, legándome nuestra fe. Soy descendiente de Don José De La Bárcena y Respuela, nacido en Prezanes (Santa Cruz de Bezana, Cantabria), el 21 de julio de 1709 y muerto en Cartagena de Indias, el 5 de agosto de 1784. Don José tuvo un amplio currículum al servicio del Rey: era regidor perpetuo y mayordomo de propios, es decir, la persona designada por la Corona Española para recaudar y administrar el dinero necesario para el funcionamiento de la ciudad. Yo, el cuarto hijo de una familia piadosa de cinco hermanos, fruto de la unión de unos padres virtuosos que no fueron a la universidad: Don Ramiro Antonio, un funcionario público sabanero, y Doña Nohorys Sofía, una ama de casa sanjorgense. Los cinco nacimos, crecimos y recibimos la formación Católica en San Marcos, una pequeña ciudad del Valle del San Jorge, situada en el Reino del Caribe. Don José De La Bárcena y Respuela se casó en Cartagena de Indias el 26 de noviembre de 1744 con Doña Ana María Barragán y Cortés de Mesa, nacida en la misma ciudad, el 27 de abril de 1714. De esa unión nacieron: María Teresa, Nicolás Antonio, Bárbara, Domingo José, Miguel Ciprián y José Vicente (17 de enero de 1747), que llegó a ser Caballero Eclesiástico de la Real y Distinguida Orden de Carlos III por Real Decreto del 21 de diciembre de 1791. Así que a nuestra sangre Zenú, se le unieron a partir del siglo XVI la milenaria sangre hispánica y, con el correr del tiempo, la originaria sangre africana. En el siglo XIX volvieron a nuestras venas las antiguas vertientes judía y musulmana; lo que hace de la nuestra una cultura mestiza de origen múltiple, mediterránea pero en tierras del Caribe. En 2016 realicé mi primer viaje transoceánico. Mi objetivo era Reino Unido, pero quise hacer escala en Madrid. Ocho noches me fueron suficientes para caer enamorado de nuestra primera Capital. La Villa y Corte me hizo ciudadano del mundo. Le cuento esto porque durante años he escuchado sus conferencias sobre Historia, Cristiandad e Hispanidad. Lo siento parte de mi familia. Por ello digo, sin prejuicios ni complejos, que soy Hispano, Monárquico, Taurino y Católico. Amén.