
Cartagena es Gómez Jattin

El célebre poeta sinuano Raúl Gómez Jattin nació en Cartagena de Indias, el 31 de mayo de 1945.
A pesar de lo que muchos creen, Raúl no nació en Cereté sino en la capital virreinal de la antigua Provincia, hoy convertida en un departamento que lleva el fatal apellido del Libertraidor. Hay que advertir que el nefasto espíritu del caraqueño innombrable se toma las mentes de los despistados hasta volverlos entes sin razón, haciéndoles vociferar arengas sin sentido. El problema sería un asunto parroquial si solo se apoderara del alma de los actores que caen en la desgracia de representarlo, pero se hace continental cuando posee a los Jefes de Estado, convirtiendo a sus pueblos en decadentes escenarios donde gobierna el crimen y la corrupción es ley. Gómez Jattin fue un fruto del amor prohibido de sus padres, don Joaquín y doña Lola. Vio la luz en los estertores del segundo mandato de Alfonso López Pumarejo y de la Segunda Guerra Mundial. A López le tocó renunciar por los comprobados hechos de corrupción de su lamentable hijo, quien también llegaría a ser presidente de esta república cocalera. La guerra hizo explotar dos bombas demoníacas en Japón, arrasando con dos ciudades enteras y causando estragos en todo el planeta. Pobre Raúl, heredó toda esa esquizofrenia. Creció como un apestado. Era la vergüenza de la familia. Durante su primera infancia fue escondido, negado e insultado por su abuela materna, la de origen árabe. Sin embargo, se sobrepuso y llegó a ser un estudiante aplomado y un profesor destacado en Cereté. De allí se fue a Bogotá, para estudiar Derecho en la Universidad Externado de Colombia. Fue un buen alumno, pero su corazón prefirió el Teatro. Se refugió en las tablas y en una bohemia sin freno que lo condujo al infierno de las drogas y a una irreversible vida libertina. Las sustancias alucinógenas empeoraron sus problemas emocionales y derivaron en sucesivas crisis esquizofrénicas que lo condujeron a protagonizar escándalos callejeros y a las clínicas psiquiátricas. Mientras tanto, luchaba contra sus propios demonios para dejar testimonio de la gracia poética, a través de una obra literaria que aún conmueve a los lectores del mundo. Y que sigue siendo digna de difusión, estudio y traducción, ahora que estamos en el año ochenta de su natalicio. El problema con nuestro amado Raúl Gómez Jattin es que su leyenda conduce a muchos jóvenes a tener una vida disoluta, mezclada con drogas y forzada al delirio psiquiátrico. Pero, no se engañen, ahí no está el verdadero poeta. El poeta reside en la lucidez con la que supo hacer universal su corazón de mango.