
Carta de inducción

Un decano universitario ofrece sabios consejos a los estudiantes que inician su vida académica. Destaca la importancia del estudio, la disciplina, el escepticismo y la integridad para un futuro profesional exitoso.
Por Álvaro Bustos González* Comienzan ustedes una nueva vida. Esto es un lugar común, pero es cierto: sus primeros pasos en la universidad marcarán su destino profesional siempre y cuando que la elección de su carrera, que debieron de haber hecho libremente, llevados por claras inclinaciones intelectuales, haya tenido un sentido. Quiero decirles que cada uno, para construir un futuro profesional prestante y comprometido con la sociedad, debe llenar su existencia de contenidos académicos y culturales, que son el soporte imprescindible de los sueños. Quien les habla tiene una larga experiencia docente, y por eso se toma la libertad de advertirles ciertas cosas: cualquier método pedagógico fracasa si el estudiante no estudia; sus derechos como personas y alumnos están garantizados, pero deben recordar que cada derecho apareja un deber, y que el de ustedes es, principalmente, estudiar para aprender, porque las profesiones no se enseñan, se aprenden, y eso implica un esfuerzo y una disciplina constante. No hay malos profesores: el buen estudiante aprende de todo el mundo y en todas las circunstancias; pero si el profesor no está cortado a la medida de sus expectativas, ahí está la biblioteca para consultar y esclarecer las dudas. Duden siempre, no le crean ni a su sombra, verifíquenlo todo, que el criterio de autoridad ya no existe. Cultiven el escepticismo, que en las ciencias no existen verdades absolutas. Cuiden el lenguaje y su expresión social, que por la boca hablará nuestro espíritu; pórtense como personas decentes, que el decoro personal nunca pasará de moda. Hagan caso omiso de las insidias, si ellas se les presentan, y menosprecien a los envidiosos, que serán mayores en la medida en que ustedes sobresalgan. Si tienen algún problema, utilicen los conductos regulares de su programa académico y no busquen sistemáticamente una exculpación paternalista y cómplice de sus faltas o deficiencias, porque ello no les va a ayudar a forjar el carácter para enfrentar las adversidades de la vida. Todos queremos ser felices, pero este es un concepto volátil y circunstancial. La única felicidad verdadera es la satisfacción que emana del deber cumplido. Las personas más felices son las que más aprenden de los libros y de la experiencia, y las que tienen un círculo de afectos sólidos por dentro o por fuera de su familia. Aléjense del facilismo y la frivolidad, de la mentira y la manipulación de la verdad, que esas son condiciones indignas. Sean felices. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.