
Carta a quienes aspiran a gobernar Colombia: Montería no necesita promesas, necesita decisiones

Colombia se encamina a una nueva elección presidencial. Y desde Montería hay algo que decirles a quienes aspiran a gobernar este país: esto no es una ciudad más en el mapa. Es una ciudad que hoy está en un punto de quiebre. Hace pocas semanas vivimos una realidad que no admite discursos: lluvias, inundaciones, familias afectadas y una sensación colectiva de abandono. Lo que ocurrió no fue una sorpresa. Fue la consecuencia directa de decisiones mal tomadas —y muchas veces de decisiones que nunca se tomaron— durante los últimos 20 o 30 años. Aquí no falló el invierno. Falló la política.
Por eso esta no es una carta simbólica. Es una advertencia y, al mismo tiempo, una invitación seria a gobernar con responsabilidad. Montería tiene hoy un presupuesto cercano a 1.7 billones de pesos anuales. Pero hay que decir la verdad completa: después de cubrir funcionamiento, órganos de control y compromisos adquiridos, el margen real de decisión es mínimo. En la práctica, cerca del 80–85% de esos recursos están condicionados por decisiones del nivel central. Eso significa algo muy simple pero contundente: sin el Gobierno Nacional, Montería no puede hacer las obras que necesita. Y por eso la relación con quien llegue a la Presidencia no puede ser de fotos, ni de visitas, ni de discursos bien intencionados. Tiene que ser una relación de recursos, de competencias y de decisiones concretas. Porque aquí no estamos hablando de ideas, estamos hablando de números y de realidades. Montería necesita con urgencia un sistema serio de alcantarillado pluvial, drenajes y megaobras de contención que eviten que la ciudad vuelva a vivir el desastre reciente. Necesita un plan masivo de vivienda digna que no debería ser menor a 50 mil soluciones habitacionales. Necesita un plan de recuperación económica y social para miles de familias que hoy quedaron golpeadas. Solo estas obras inmediatas pueden costar fácilmente más de 4 billones de pesos. Esa plata hoy no la tiene el municipio. Y al mismo tiempo, Montería tiene que empezar a construir su futuro. Una vía perimetral en la margen izquierda, elevada, que funcione como corredor logístico, eje de expansión urbana y al mismo tiempo como muro de contención contra inundaciones. La revitalización del centro histórico con soterramiento de cables —esa telaraña que hoy contamina visualmente la ciudad—, arborización, espacio público digno y prioridad al peatón. Volver a mirar al río Sinú como el eje de desarrollo, incluso con sistemas modernos de transporte que conecten la ciudad con su entorno natural. Esto no es un capricho estético. Esto es desarrollo económico, turismo bien hecho y generación de oportunidades. Pero también hay que decir lo que muchos evitan: Montería no solo necesita más recursos, también necesita tomar mejores decisiones. Porque mientras la ciudad tenía necesidades urgentes, se destinaron cerca de 100 mil millones de pesos en proyectos como las Zonas de Estacionamiento Regulado (ZER), que no eran prioritarios, que no resolvían problemas estructurales y que en la práctica terminaron beneficiando más a un privado que a la ciudad. No es que ese tipo de sistemas no funcionen en el mundo. Es que Montería tenía otras urgencias primero. Y eso es lo que durante años no se ha querido entender: aquí se ha gobernado muchas veces para el aplauso inmediato y no para resolver los problemas de fondo. Y hay otra realidad que no puede seguir ignorándose. Montería tiene cerca de 300 mil hectáreas con potencial productivo, pero la gran mayoría de su población vive concentrada en apenas unas 9 mil hectáreas, muchas veces en condiciones precarias, con baja productividad y oportunidades limitadas. Mientras tanto, el desarrollo económico del territorio sigue sin despegar con la fuerza que debería, especialmente en el agro, que representa una oportunidad real para generar empleo, ingresos y crecimiento sostenible. No se puede seguir hablando de desarrollo sin integrar el campo, sin organizar el territorio y sin permitir que más gente viva mejor en más espacio y con más oportunidades. Por eso, candidatos: Montería no necesita promesas. Necesita decisiones. Necesita un Gobierno Nacional que entienda que ayudar a esta ciudad no es un favor político, es una obligación. Que se comprometa con más recursos, pero también con más autonomía y competencias para que la ciudad pueda decidir su propio camino. Y mientras eso ocurre, Montería también tendrá que tomar una decisión de fondo: seguir repitiendo el mismo modelo político de los últimos 30 años, con errores que hoy estamos pagando, o construir una nueva etapa donde se haga lo que toca primero —aunque no dé aplausos— para después hacer lo que queremos. Porque al final, de eso se trata: de que la gente pueda vivir con dignidad dentro de su casa, de que pueda trabajar, progresar y volver a tener esperanza. Y esa decisión empieza ahora.