
Carta a mis expectativas

Creo que me toca hablarte porque hoy me estás haciendo daño. Tienes esa característica dual de ser buena y no tan buena al mismo tiempo.
Olga Leonor Hernández Bustamante Creo que me toca hablarte porque hoy me estás haciendo daño. Tienes esa característica dual de ser buena y no tan buena al mismo tiempo. Te vas diseñando en mi mente, la mayoría de las veces sin tener mucho en cuenta el contexto y prestándole más atención al pasado, mis miedos, dolores, traumas e historias. No te vayas a molestar conmigo, reconozco y respeto lo que deseas para mi: que todo lo que me pase me haga bien, evitarme fracasos o frustraciones, apuntar alto para llenar mi vida de logros y cosas buenas. Sé que quieres que lo que necesito llegue a mi, que la vida salde las deudas que tiene conmigo, que pueda sentirme de ciertas maneras o que mis vínculos sean siempre maravillosos. Pero, creo que te tengo que contar que tu buena intención se estrella contra algo importante: la realidad. Más veces de las que quisiera me termino dando cuenta que por evitarme sufrir, termino sufriendo. ¿No entiendes? Te explico con unos ejemplos: ¿Recuerdas esa vez que llegué a presentar aquel informe del trabajo al que le invertí tanto tiempo? Me dijiste que pensara que todos me iban a felicitar y reconocer el tiempo invertido. Como sufrí al darme cuenta de que ese punto en la agenda era una y otra vez aplazado hasta que al final, me dieron 5 minutos para mostrar lo mío, y todo finalizó con un “muy bien, gracias. Pasemos al siguiente tema”. ¿Recuerdas cuando me sentía triste pero no me dejaste llamar a nadie para hablar? Me dijiste que ellos iban a darse cuenta de que yo estaba mal sin tener que decirlo, que si realmente me querían debían ver que no estaba bien y me hiciste encerrar en un silencio lleno de pensamientos tristes y además profundamente sola. Todo esto para contarte que muchas veces no me has dejado vivir el presente plenamente, porque me llenas la cabeza de futuro y de pasado. Cuando me adviertes que las cosas se parecen a un pasado que me dolió, termino escondiéndome y protegiéndome, sintiendo que me estoy salvando de una debacle. Cuando me recuerdas las cosas que no tengo, me alejas de disfrutar las que si están. Cuando me haces soñar con los ojos abiertos, me haces muchas veces esperar muchas cosas de los demás, cosas, que, a propósito, no tienen que saber si no se los digo y no tienen que ayudarme a cumplir si no lo desean o sienten. Cuando espero que las cosas me salgan de cierta manera y no resulta, me has puesto a insistir en resolverlo hasta que “funcione” sometiéndome a un enorme desgaste. Te agradezco que quieras ayudarme a vivir una vida mejor, pero por ahora, te pido de verdad, que me dejes vivir la que tengo en realidad.