
Carnaval, mujer y río

La comparsa "La Puntica No Má" celebra el Carnaval de Barranquilla con rituales, música y amigos. Una inmersión en la alegría, desde la bienvenida hasta la Batalla de Flores.
Por Ensuncho De La Bárcena Aterrizo en la casa de Tania justo para parquear la máquina del tiempo. Vamos a la ceremonia de bienvenida, entrega de las manillas e iniciación de los nuevos miembros de mi amada comparsa La Puntica No Má, detrás del Hotel El Prado. Nos encontramos con Daniel Angulo e Ingrid Jamis (los papás de la comparsa), con Flavia Rosales, Zulu Padilla y demás miembros de mi amada Familia Puntera. Juntos prendemos el Fuego de la Alegría, en mi caso para que siempre brille lo Real, lo Sagrado y lo Mejor. De allí pasamos al Prado para tomarnos una cerveza y disfrutar el final de la fiesta de Codiscos, con mis queridos paisanos y parientes Juan y Carlos Piña, emblemas musicales del Carnaval de Barranquilla, quienes son homenajeados por la compañía disquera. Nos disfrutamos el concierto en primera fila con mi llave Jaime Cortissoz, el Rey Jahim. Al salir del legendario Hotel tomamos un taxi rumbo a la Plaza de la Paz para celebrar la Noche de Tambó y tributar a nuestra preciosa Mayté Montero, la Reina de la Gaita. La rueda de cumbia más grande del mundo es siempre el mejor plan del viernes por la noche, porque allí nos encontramos con los amigos que hace tiempo no veíamos, extrañamos a los que no pudieron venir, hacemos nuevos y damos vueltas y vueltas y vueltas. Tomando cerveza, abrazando, besando y dejándonos besar por las brisas del Gran Río de la Magdalena. Toda la familia cumbiera se da cita esa noche para bailar nuestra música real. El amanecer del Sábado de Carnaval es uno de los más bellos del año. El cuerpo sabe lo que se le viene y se entrega a la ducha con ganas de fiesta. El vestuario se mueve solo, el calzado se dispone en el lugar acordado, antes de que lleguen los pies. Tomamos el desayuno con música medieval, para citar a los ancestros que hicieron posible el viaje. Brindamos por la interminable tradición. Llegar a la sede Puntera es abrir un portal donde la memoria nos da la bienvenida, la imaginación nos ubica para ser pintados, maquillados y peinados, la fantasía pone la música y nos brinda algo para tomar y comer, hasta que lo real nos da beso y toma la foto. Tania queda maravillada con el Nuevo Mundo y nos despedimos hasta más tarde. La Batalla de Flores comienza en los buses. La llegada a la Vía 40 es el momento en el que dejamos de ser individuos para volvernos arrechera colectiva, río de orgasmos y Mar… tes de Carnaval. Hasta el próximo año. Así sea.