
Carlos Daniel

Ban Ban, cuyo nombre evocaba balbuceos infantiles, vivió una vida intensa marcada por la alegría y la imaginación. Su recuerdo perdura en la memoria de quienes compartieron su camino.
Por Fernando Negrete Montes Esa combinación de nombres escogida por tu padre en su honor y del ahijado ausente que no quería fiestas con su padrino, tu abuelo, y que trastocó por el de Ban Ban, onomatopeya de tus primeros balbuceos, fueron el preludio de una vida intensa esculpida en una sonrisa con la que miraste el mundo enseñando que con ternura y alegría, los caminos se abren y las cosas se facilitan, sin que esto signifique que haya que claudicar en los principios, porque la fortaleza debe ser el norte que guíe nuestros pasos y esa la tuviste tú en estos casi 40 años que compartiste con tus padres, familiares y amigos. Tu imaginación no tenía límites y eso lo palpamos cuando desde los dos años saltaste para volar y ser libre como los pájaros que sienten el aire, la brisa pegando en sus cuerpos y las alas impulsándolos en un mundo sin fronteras igual al universo que se extiende y ahora tú, sin tapujos, sientes a plenitud al alcanzar ese objetivo que tu ser te pedía y por el que luchaste con denuedo para transformar lo material con las pinceladas que le dabas a tus obras de arte, en ejercicio de tus habilidades y destrezas para retratar lo que aparecía en tus sentidos y darle vida con los trazos de tu imaginación. Todos estamos tristes y compungidos desde tus padres, hermanos, tíos, familiares, amigos, conocidos, que vivimos y sentimos ese recorrido terrenal de tus pies que obedecían los dictámenes de tu corazón y mente, para que pudieras hacer lo que entendiste que debía ser tu vida, porque sentimos un gran vacío por tu ausencia, pero seguimos orando para que este viaje que continúa llegue a buen puerto, de lo cual estamos seguros de que así será, porque tu sonrisa es el faro que alumbra el camino. Tu presencia y alegría quedan grabados en el muro de los recuerdos, especialmente de tus primas del primer piso de ese edificio bioclimático construido para el calor del trópico para que este se quedara en la parte alta de los tres metros y medio de separación entre un piso y otro, y desde cuyo balcón saltaste buscando jugar con tus primas del primer piso, con quienes bailaste, hiciste obras de teatro, tortas de tierra y todo lo que apareciera y ocurriera en el reino de la libertad. Carlos Daniel, Ban Ban, aquí estamos contigo expresándote todo el afecto, el cariño, el amor que brota de los corazones que te lloramos de puro coraje, ese que demostraste en estos largos meses al preferir estar con los ojos abiertos recibiendo la presencia de las personas que pasábamos a saludarte, a hacerte cosquillitas en los pies y acompañándote para sentir un poco el dolor que se trasladara a nuestros cuerpos y aliviarte de esa manera, que era lo mismo que buscaba Oslo, al llegar para estar contigo y brindarte su apoyo, fidelidad y ternura. ¡Siempre contigo, Carlos Daniel!