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Opinión

Caricaturas poderosas

Rafael Negrete Quintero
Rafael Negrete Quintero
Columnista
31 de mayo de 2023

El liderazgo tóxico en el sector público, basado en explotación y soberbia, es analizado. La simulación de éxito y el miedo a la crítica son pilares de este modelo.

Por Rafael Negrete Quintero "Aquí todo es a los coñazos" me dijo un compañero de oficina alguna vez en algún trabajo que tuve. En efecto, así era. Esto, debido a un estilo de liderazgo que ha hecho carrera en el sector público en el que el supuesto líder es luz por fuera pero sombra por dentro. Vive una vida de "éxito" hacia al exterior de su entidad apalancado en una vida de explotación y maltrato hacia el interior. Y entonces la soberbia se confunde con carácter y el grito es llamado autoridad. La altanería es su firma, la patanería su sello. Convencidos y reafirmados por su comité de aplausos, que nunca les falta, le gritan al mundo que la suya es una gran gestión. Mejor si es por redes sociales, mejor si en estas se publica todos los días. ¿Pero si todos los días no se producen hechos relevantes o noticias importantes doctora? ¿Doctor? No importa. Lo importante es figurar. El show es el combustible de ese motor de propaganda al que llaman "éxito". No aceptan el diálogo para llegar a un acuerdo o encontrar soluciones. Aunque a veces propicien los espacios lo suyo es el monólogo. La reafirmación de su forma de ver el mundo y la de sus áulicos que repiten sin cesar sus mantras, aún sin entenderlos. Cualquier forma de discrepancia o diferencia es silenciada. "A la doctora o al doctor no le gusta que lo contradigan". "Ni se le ocurra interrumpir en público". Otras tales como "No acepto un no como respuesta", "este trabajo es 24/7" y hay que "dar la milla extra" hacen parte del repertorio de estribillos que repiten sin cesar para dar muestras de profundidad. Cuando les preguntan ¿por qué están en el sector público? Expresan sin dudar que es "porque ahí se logran las grandes transformaciones sociales". El problema no es solo que este guion sea ya conocido y reiterado por decenas sino que, llegado el final de su período, las grandes transformaciones de las que se ufanan, para proceder como proceden, brillan por su ausencia. Navegan en un mar en donde "todo es urgente y todo es importante" y creen con frecuencia que están para grandes cosas por esa "gran gestión". Por suerte a estas caricaturas poderosas el tiempo y la gente las pone en su lugar. En la medida en que se alejan del poder sus fallas se hacen más notorias y su impulso encuentra obstáculos insalvables. La gente pierde el miedo y por fin comienza a gritar, como en el cuento infantil, lo obvio; "El Rey está desnudo". Hoy, a quienes padecen a estas caricaturas poderosas, y muchas veces peligrosas, no me queda más que decirles ¡Coraje!. Los bienes comunes están en riesgo. Tarde que temprano termina brillando la luz.