
Caregato y el boquete del río Cauca: la crónica de un cierre olvidado

El cierre del boquete en Caregato, prometido para este año, se esfuma. Las promesas políticas y la inacción marcan una crisis que prioriza intereses personales sobre el bienestar de la población.
Por Silverio Herrera Caraballo A punto de concluir el año, la promesa de cerrar el boquete que dejó el río Cauca en la región de Caregato parece un eco lejano. Las reuniones, los anuncios, las promesas políticas van y vienen, pero la ejecución brilla por su ausencia. Este fenómeno no es nuevo en la Mojana, donde las promesas se dan por sentadas y las soluciones nunca parecen llegar. Si algo deja claro el contexto de Caregato es que, como siempre, la política juega su papel, pero las obras y los compromisos se esfuman más rápido que el agua en la arena. Este boquete, que arrastra consigo el sufrimiento de miles de familias y la pérdida de tierras productivas, fue un claro recordatorio de la vulnerabilidad de la región frente a fenómenos naturales. Pero lo que comenzó como una crisis medioambiental y humanitaria, rápidamente se transformó en una crisis política. Durante meses, la idea del "cierre definitivo" se convirtió en el tema central de las discusiones locales, con la promesa de que, por fin, se tomarían decisiones definitivas. Sin embargo, 2023 llega a su fin con la misma inacción que ha caracterizado el proceso desde el principio. La pregunta es, ¿realmente esperaban que algo ocurriera, o todo fue una jugada política? Las figuras de la política local, como Olmedo, Sneyder y sus secuaces, no sólo han dejado la olla raspada, sino que la han vaciado de manera tan efectiva que hoy no hay ni para los tintos. Las gestiones que, en teoría, debían ser prioritarias, se diluyen bajo la sombra de los intereses personales y las disputas internas. Los recursos parecen no alcanzar, las partidas presupuestales se diluyen, y el escenario es cada vez más desolador para los afectados. En medio de este caos, el único "cierre" que parece ejecutarse es el de las puertas de las administraciones locales a las necesidades urgentes de la población. Por su parte, Carrillo, quien asumió la batuta de la Ungrd, se encontró con el primer obstáculo: la falta de planificación y el vacío de ejecución. Su intento por capitalizar políticamente la situación no solo fracasó, sino que se convirtió en un bumerán que regresó con fuerza. La lluvia ya empezó a caer, y con ella, los temores de que la historia se repita, como siempre ocurre cuando las promesas no se cumplen. La región, que ya sufrió lo peor del boquete, teme que el mal manejo del problema haga que el desastre se reencarne bajo nuevas formas, no en términos de una catástrofe natural, sino como una catástrofe social y política. Caregato, que debería ser ejemplo de gestión territorial responsable, sigue siendo el reflejo de una región donde la política se antepone a las necesidades reales de la gente. ¿Acaso están esperando a que lleguen las elecciones de 2026 para, finalmente, ejecutar las obras que se prometieron desde hace años? Esta actitud no es más que una triste y peligrosa estrategia de clientelismo, donde las vidas de los ciudadanos se sacrifican en el altar de los intereses electorales. En vez de invertir recursos en soluciones definitivas, se juega con el sufrimiento de los más vulnerables, esperando que el voto a cambio de "favores" siga siendo un motor para quienes detentan el poder. El cierre del boquete del río Cauca en Caregato no solo es una cuestión de infraestructura, es una cuestión de justicia social. Es hora de que los responsables de la región dejen de lado las manipulaciones políticas y empiecen a pensar en el bienestar de las comunidades. Si no se toman acciones inmediatas, lo que debería haber sido una reparación efectiva se convertirá, nuevamente, en un símbolo de la ineficacia política. Y, si las lluvias traen consigo una nueva tragedia, será demasiado tarde para lamentaciones. Solo quedarán las ruinas de un compromiso político vacío.