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Opinión

Caminos sin descubrir

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
22 de junio de 2024

Desde la infancia, la inseguridad y el miedo al error nos limitan. Esto genera frustración y depresión, impidiendo avanzar. Reconocerse y buscar nuevos rumbos es clave.

Por Olga Lucía Bustamante Madrid Desde niños aprendemos a sentirnos inseguros, a odiar equivocarnos. Somos instruidos en señalar culpables, juzgar y pretender tener siempre la razón. A discriminar, a conjeturar, a no dejarnos ganar. Nos aleccionan a defendernos y contra atacar aunque estemos equivocados, dudando de todos y temiéndole a todo. Y, cuando somos adultos, esa es nuestra justificación para no hacer o explicar los equívocos. Entonces aparece el desánimo, la frustración y la depresión. Mientras nuestros pensamientos divaguen en un pasado cargado de quejas y resentimientos, no se presentará la oportunidad de cambiar y elegir nuevos rumbos. El no  reconocerse así mismo con fortalezas y debilidades, ni identificar motivos valiosos que nos den alegría o tristeza, o nos muestre un horizonte como meta, es vivir a la deriva. Gran cantidad de personas atraviesan la existencia y llegan al umbral sin saber quiénes son, para que están, sin descubrir el sentido de la vida. Sus sentimientos y palabras giran alrededor de lo mismo. Diez, veinte y cuarenta años después, te los encuentras, y aun repiten la misma historia. Parecen que se quedaron atados al tiempo, y se niegan a ver otras alternativas. Lo que les impide avanzar. Esta ceguera es el caldo de cultivo para infinidad de enfermedades físicas y mentales. Es la rueda sin fin que muchas personas experimentan. Son montones de nudos casi imposibles de desatar, si no se hace conciencia de que, cualquier posibilidad de transformación, depende del querer ver lo que hay más adelante. La vida nos brinda opciones, día a día. Llegan a nuestras manos diferentes cartas, para decidir posibles nuevas jugadas, pero las ignoramos, porque nos exigen salir de esa zona de confort que nos protege, que nos evita el cansancio. La valentía y la honestidad personal, son indispensables para dejar fluir las emociones correctas, en el momento indicado. Muchas veces somos una programación fallida, mal elaborada de errores heredados de generación en generación,   sin darnos a la tarea de explorar más allá de lo que vemos y oímos.  Es difícil desatar nudos pero más difícil vivir dentro de ellos si dar opción de mirar los horizontes que están allí, y desean ser descubiertos. No es mentira que los caminos se hacen al andar. Anímate a embarcarte en la aventura de la vida, para descubrir los caminos que te llevarán a lugares insospechados.