
Caminos bifurcados

En tiempos de incertidumbre, la lectura de libros relevantes es crucial. "Delirio Americano" y "La Invención de la Naturaleza" ofrecen luces para superar dogmas e inspirarse en la libertad.
Por Álvaro Bustos González* En época de incertidumbre, cuando la política y los problemas sociales se abordan con base en prejuicios ideológicos, ideas fijas y obcecaciones decimonónicas, y cuando el estudio en colegios y universidades pasa a un segundo plano en aras de la presentación de trabajos mandados a hacer con inteligencia artificial, que son el reemplazo cómodo del esfuerzo concienzudo, el desconsuelo se generaliza, el horizonte se nubla y se pierde la fe en la capacidad del país para "salir adelante", como se dice coloquialmente. Pero no hay que perder la brújula, aunque los caminos se bifurquen. En el arsenal de libros que muy poca gente lee se pueden hallar las luces que se requieren para disipar las brumas del dogmatismo desueto y de la indolencia intelectual. En Delirio Americano, por ejemplo, Carlos Granés deshoja la margarita de por qué este subcontinente, penoso por tantos aspectos, no sale de su eterno círculo vicioso que lo mantiene atrapado entre las vanas ilusiones progresistas y la verborrea populista. No ha habido forma de que los sindicatos y bodegueros que se ocupan del adoctrinamiento juvenil salgan de sus quiméricas luchas en pro de una sociedad más justa y equitativa sin arroparse con la bandera del Che Guevara y el mesianismo redentor de la demagogia y la violencia sistemática. En eso han caído intelectuales, escritores y artistas que, más temprano que tarde, han tenido que liar sus bártulos y regresar al sentido común, como si la vida, por fin, les hubiera permitido alcanzar una pizca de lucidez en torno a la idea de la libertad, que es donde está la única opción digna del progreso. Y si se trata de mirarse en el espejo de una figura histórica, ejemplar, que con sus hallazgos iluminó las ciencias y las artes, quien apeló a su portentosa capacidad de observación y a un esfuerzo indomable para escudriñar el mundo como un todo, y quien cultivó un estilo literario clarividente y unas amistades que bien podrían parangonarse con su propia gloria, habría que leer, sin duda, La Invención de la Naturaleza, de Andrea Wulf, el ensayo biográfico que abarca minuciosamente la existencia de Alexander von Humboldt, para así conocer cómo es eso de la entrega a una vocación, a unos sueños no sangrientos y al cultivo metódico de una inteligencia prodigiosa, siempre teniendo a la libertad como su faro indeclinable. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.