
Caminamos sin ver el camino

El control de la mente es clave para la salud integral, pero ¿somos conscientes de su impacto? Reflexiona sobre cómo tus pensamientos influyen en tu cuerpo, alma y el mundo.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid Mío es mi cuerpo, mi mente y mi espíritu. Son tres planos que habitan en uno mismo, pero, el único plano que depende de mis decisiones, es el mental. Las funciones del cuerpo y del espíritu son independientes y autónomas, no tengo que direccionar su accionar, tienen inteligencia propia. Ambas obedecen a una inteligencia intrínseca. Mentalmente vivo, creando caminos dependiendo de mi entendimiento, voluntad, gustos y expectativas de vida, algunas veces coherentes, otras no, y las emociones que estas producen, tienen injerencia indirecta en la salud o enfermedad de mi cuerpo y mi alma, sin que yo lo haga consciente. Soy producto de mis propios pensamientos, además de los pensamientos ajenos; de ahí el orden o el desorden, personal, familiar y social. ¿Cómo lograr una existencia en equilibrio si ni siquiera somos conscientes de esa verdad? Me enoja cualquier tontería y en mi cuerpo se altera la presión arterial. Además, la causa de mi enojo lastimó mi confianza y quedó clavada una espina de resentimiento, que llevaré de por vida, a no ser que yo mismo decida dar una mirada para reinterpretar los hechos, perdonarme, perdonar y rehacer mi sentir para mi tranquilidad y la de los demás. La vida es una cadena de momentos y decisiones que se entrelazan, y cada uno involucra a muchos, en forma deliberada o circunstancial. De eso se trata la convivencia. La energía que proyectamos y que otros proyectan, crean un campo de equilibrio. Otros impulsan inestabilidad y contraflujo, que permanece, a no ser que alguno decida romper la cadena y vibrar al unísono. Creemos saber todo en el campo de la existencia humana, y el caos en el que vivimos nos dice lo contrario. Conocemos los ojos físicos, y desconocemos los ojos del alma. Sabemos leer perfectamente letras, símbolos e ideas preconcebidas, la mayoría desconoce cómo leer la vida, no le hacemos caso a la intuición, desconocemos el sentido detrás de las palabras. Las enfermedades familiares, sociales e institucionales, son el reflejo de sus miembros. No es casualidad el derroche, la falta de discernimiento y de solidaridad. Nos merecemos el mundo en que vivimos. Cada uno jalonando para su propio lado, interés y beneficio, pisoteando a segundos y terceros, menospreciando el orden natural de las cosas. Somos el origen y el final, la salud y la enfermedad, el orden y el caos, la sabiduría y la ignorancia. De mí depende la dirección. La vida es una cadena de momentos y decisiones que se entrelazan, y cada uno involucra a muchos, en forma deliberada o circunstancial. De eso se trata la convivencia.