Calamares en su tinta
Juan Esteban Constaín, reconocido escritor, cautivó a la Universidad del Sinú con una charla sobre educación y sociedades. Su obra literaria, desde "Calcio" hasta su libro sobre Álvaro Gómez Hurtado, destaca su erudición.
Por Álvaro Bustos González* Así se llama el podcast en el que discurre periódicamente sobre temas históricos y culturales con una solvencia de tahúr. Hacía mucho tiempo que queríamos invitarlo a la Universidad del Sinú, pero sus continuos viajes, y quizá su irreductible amor por Berlín, nos lo habían impedido, hasta que antier (12 de abril) se rompió el hechizo. Aprovechando las celebraciones del cincuentenario de la universidad, Alejandro Padrón y yo, validos de su amistad con Andrés Ramos Cabrales, le tiramos el cordel y lo capturamos, hasta llevarlo en comparecencia al auditorio mayor del alma mater (madre nutricia) para que discurriera sobre la educación del hombre y las sociedades civilizadas a partir de su propia vida, de su vasta erudición y de su conocimiento minucioso de diversas lenguas. Desde que Juan Esteban Constaín escribió Calcio, una novela en la que planteó una hipotética disputa histórica alrededor del primer partido de fútbol que se jugó en una cancha con determinadas reglas (si este se había dado en la plaza de la Santa Croce, en Florencia, o en Inglaterra), su prestigio de escritor se disparó como un cohete. Más tarde nos sorprendió con otra hipótesis originalísima: en un sincero homenaje a Gilbert K. Chesterton, uno de sus ídolos literarios, publicó El hombre que no fue jueves, una bella ficción en la que el papa Benedicto XVI, antes de renunciar a su preeminencia, promueve la canonización de Chesterton, cuya figura regordeta y bonachona, llena de lirismo y paradojas, bien pudo haberse sentido sublimada. Luego apareció Ningún tiempo es pasado, una colección de ensayos y columnas periodísticas (a propósito, Constaín ha demostrado hasta la saciedad que la columnística es otro género literario) que por sí mismos constituyen un paseo estético por diversos temas y episodios de la historia y de los hombres ilustres que, en su pluma, adquieren un cautivante tono claroscuro, propio de las complejidades del ser cuando ellas no son valoradas con prejuicios moralistas. El culmen de su obra, sin embargo, para mí lo constituye su libro dedicado a Álvaro Gómez Hurtado, su vida y su siglo, un texto lleno de admiración y gratitud hacia un intelectual portentoso que, como suele suceder, fue vituperado por la mezquindad de quienes jamás hubieran podido alcanzar la dimensión de su talento. Así se lo hice ver, por supuesto, al insigne Juan Esteban Constaín. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.