
Caída de la matrícula escolar

Pasó la época en que conseguir un cupo escolar requería de las llamadas “palancas” políticas o amistades, debido a la limitada oferta educativa de un sistema público y privado que debía hacer frente a las altas tasas de natalidad. Estas llevaron a que la población mundial superara los 8 mil millones de personas, en Colombia los 50 millones y, en el departamento de Córdoba, los 2 millones, unido a la convicción de las familias de hacer de la educación la mejor vía para el desarrollo y el bienestar.
Al revisar las estadísticas sobre matrícula escolar en las cuatro entidades territoriales certificadas en educación del departamento de Córdoba, se encuentra que entre 2023 y 2025 la matrícula total, entre los 5 y los 16 años, pasó de 395.214 alumnos a 367.689, una disminución de 27.525 estudiantes. Estas cifras reflejan la misma tendencia en las cuatro entidades territoriales. A este hecho —impensable hace algún tiempo en un país con coberturas netas que nunca alcanzaron el 100% de la población en edad escolar— se ha llegado básicamente por un fenómeno demográfico: el lento crecimiento de la población, con tasas de natalidad inferiores al 1% en algunas zonas del país. Esto reduce la presión sobre la matrícula escolar, pero empieza a generar otros problemas, como el posible sobredimensionamiento de las plantas docentes en determinadas áreas geográficas. Lo curioso es que la caída de la matrícula ocurre en un punto en el que aún no se ha resuelto el problema de la desescolaridad. La tasa de cobertura neta en preescolar, en la zona rural dispersa, se ubica en el 28% y en el 41% en la parte urbana de la gran ciudad. En educación primaria, las cifras alcanzan el 81% y el 90% en esas mismas áreas; en secundaria, los indicadores son del 60% y 92%; y en la media, del 33% y 56%. Esta situación, marcada por la caída de la matrícula y la persistencia de la desescolaridad, debe ser vista como una oportunidad para superar la brecha de desatención de la población en edad escolar que permanece por fuera del sistema. Las condiciones esenciales estarían resueltas con la existencia de las plantas de personal docente, que deberían ser reforzadas con personal administrativo, infraestructura física y dotación de herramientas tecnológicas y de inteligencia artificial para el mejoramiento de la calidad. Por su parte, los recursos financieros actuales en educación —que representan el 22% del presupuesto nacional, equivalentes a $80 billones— y su crecimiento proyectado hasta el 39,5% en 12 años, constituyen una oportunidad para que el nuevo Plan Decenal de Desarrollo Educativo 2026-2035 permita superar el atraso educativo mediante las inversiones requeridas. Ello contribuiría a llevar la economía al pleno empleo, reducir la informalidad, quitarle base a la violencia y alcanzar una paz efectiva.