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Opinión

Café sin azúcar

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
26 de agosto de 2023

La vida, como el café, no siempre necesita azúcar. La autora reflexiona sobre la importancia de aceptar los momentos amargos en el amor, la maternidad y el amor propio.

Por Olga Leonor Hernández B. Dice una amiga muy querida: "Un buen café no necesita azúcar y, si necesita azúcar, no es un buen café". Creo que es una verdad de esas sin discusión, aplicable no solo a la taza, sino también a la vida cotidiana. No nos es posible vivir una vida siempre endulzada. En realidad, la vida tiene tragos amargos que ponen a prueba, confirman o ayudan muchas veces a resignificar los deseos y el sentido. Endulzar las experiencias es disfrazarlas, escondiendo detrás de la máscara aquello que en realidad sucede. Es así que todo lo que soy y lo que no soy se pierde tras la apariencia dulce de los turrones de azúcar que ocultan la realidad. En el amor, por ejemplo, se hace necesario atravesar la duda, la confusión, la angustia y las renuncias. Amar auténticamente implica reconocer el dulzor de los momentos amargos, esos que nos descolocan por un momento y tienen el poder para destruir o fortalecer dependiendo de la postura que se adopte. Cuando se ama, corresponde en ocasiones aceptar el dolor, la tristeza y el malestar para poder construir, bloque a bloque, ese nosotros que se hace presente y acompaña. Es poder decir lo que se necesita expresar para que las sensaciones encuentren su lugar, sin engaños, sin excusas, de forma directa. Cuando decido amarte, te acepto y me acepto con todo lo que soy, brillante o sombría, dudosa y llena de certezas, partida o completa, sonriente o triste. Ser siempre dulce y buena, sin asomo de rabias, miedos y dudas, hacen que el otro me pierda mientras me pierdo a mi misma. En la maternidad y la paternidad, por ejemplo, hay que reconocer muchas veces el tedio y el cansancio, el caos que se mezcla con las sonrisas y los afanes que acompañan la crianza. Los momentos felices compiten, cabeza a cabeza con los difíciles. Saborear ese sabor amargo, sin endulzar la realidad, es la clave para no perderse en el intento, para disfrutar conscientemente esa maravillosa experiencia de acompañar a crecer a alguien. El amor propio es también un café que debe tomarse sin azúcar, pues nos corresponde poder vernos en nuestra verdadera dimensión de luces y sombras, reconocer lo que vamos siendo implica verlo sin endulzar los momentos, emociones, pensamientos y acciones. Está bien si le pones azúcar a tu café, pero debes saber que al hacerlo te estás perdiendo de su verdadero sabor, le estás escondiendo parte de su amarga autenticidad. Una buena taza de café no necesita azúcar, una relación auténtica no necesita ser endulzada.