
Buscar empleo también agota

Hace unas semanas, durante una sesión de mentoría, conocí a una profesional que, después de diez entrevistas de trabajo, había comenzado a creer que el problema era ella. Aunque en varios procesos avanzó hasta las etapas finales, la respuesta siempre era la misma: no era la candidata elegida. En algunos casos recibía un correo agradeciéndole su participación; en otros, ni siquiera eso.
Mientras avanzábamos en la mentoría y revisábamos cómo prepararse para la siguiente entrevista, comprendí que hablar de respuestas, fortalezas o competencias no era lo más importante en ese momento; entonces le hice una pregunta que parecía sencilla: ¿Cómo te sientes? Su respuesta fue inmediata: "Estoy cansada". No era el cansancio propio de buscar empleo. Era un agotamiento mucho más profundo. Venía de una organización donde trabajó bajo una presión constante, enfrentó situaciones de acoso laboral y terminó al borde del burnout. Salió de allí convencida de que no era suficiente y esa idea empezó a acompañarla en cada entrevista. Ya no respondía únicamente desde su experiencia; también lo hacía desde el miedo, la inseguridad y el desgaste emocional que aún cargaba. Ese día dejamos de preparar únicamente una entrevista. Empezamos a reconstruir algo mucho más importante: su confianza. Hablamos de sus logros, de las competencias que había construido a lo largo de su carrera y de algo que necesitaba volver a escuchar: una experiencia laboral negativa nunca define el valor de una persona. Porque antes de convencer a un entrevistador, necesitaba volver a creer en ella misma. Ese día comprendí que muchas veces no es la hoja de vida, ni la experiencia, ni las habilidades técnicas lo que está frenando a una persona. En ocasiones, es el peso emocional con el que llega a cada proceso de selección. Buscar empleo es una montaña rusa emocional. Hay días en los que una llamada devuelve la esperanza. Pasar a una segunda entrevista hace imaginar un nuevo comienzo y llegar a la fase final llena de ilusión. Pero basta un correo con un "hemos decidido continuar con otro candidato" para que reaparezcan las dudas: "¿Será que no soy suficiente?", "¿Qué estoy haciendo mal?", «¿Y si nunca encuentro trabajo? Y entonces la montaña rusa vuelve a comenzar. Lo que pocas personas dicen es que buscar empleo también implica gestionar la incertidumbre, el rechazo y el miedo. No solo estamos buscando una oportunidad laboral; muchas veces también estamos intentando recuperar la confianza que un entorno de trabajo tóxico nos arrebató. Por eso, antes de hablar de hojas de vida, entrevistas o LinkedIn, necesitamos hablar de bienestar emocional. Más que buscar empleo sin descanso, es importante buscarlo con estrategia. Organiza tus postulaciones, celebra los pequeños avances, haz pausas cuando las necesites y no confundas un rechazo con tu valor profesional. Si vienes de un ambiente laboral que afectó tu bienestar, date permiso para sanar. Tu historia no termina donde alguien dejó de creer en ti. Unos días después recibí una llamada. Era ella. Había conseguido el empleo. Y no cualquier empleo, sino una oportunidad mucho mejor de la que había imaginado. Al colgar el teléfono, confirmé una vez más que, en ocasiones, el mayor obstáculo para conseguir un trabajo no es la falta de experiencia ni de conocimientos. Es el peso emocional que cargamos después de haber trabajado en lugares que nos hicieron creer que no éramos suficientes. Quizá la próxima entrevista no cambie tu vida. O quizá sí. Lo que no debería cambiar nunca es la manera en la que te ves a ti mismo. Ningún proceso de selección tiene el poder de definir tu valor. Mientras llega esa oportunidad que tanto esperas, cuida tu bienestar, protege tu confianza y recuerda que eres mucho más que cualquier empleo que hayas perdido o cualquier entrevista que no haya salido como esperabas. Porque antes de encontrar el trabajo correcto, necesitas volver a creer en la persona correcta: tú.