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Opinión

¿Buen líder, mal político?

Pedro Medellín
Pedro Medellín
Columnista
6 de octubre de 2023

La alcaldesa de Bogotá acusó al gobierno Petro de orquestar actos vandálicos, tras una marcha de apoyo. El texto analiza la influencia del presidente y la falta de movilización social.

Por Pedro Medellín La afirmación de la alcaldesa de Bogotá ya era fuerte. Acusar al gobierno Petro de que "cerraron su 'toma a Bogotá' con actos vandálicos de su primera línea en Kennedy y Usme" tiene toda la gravedad. Pero eso no es todo. Luego de resaltar que "gracias a la rápida reacción de @SeguridadBOG y @PolicíaBogotá, controlaron y evitaron daños y perturbaciones a los vecinos, y protegieron y restablecieron el transporte público", Claudia López terminó –muy a su manera– el mensaje afirmando: "Bogotá rechazará en las urnas su politiquería y vandalismo". Más clara y directa no pudo ser. Mucho más cuando horas atrás, al terminar la marcha "de apoyo a las reformas del gobierno del cambio", un grupo de indígenas que había participado en la minga se tomó de manera violenta las instalaciones de la revista Semana en Bogotá. Peor imposible. Sin entrar en las responsabilidades penales y disciplinarias implícitas en semejante acusación, es evidente que estos hechos han podido ser inspirados por el presidente Petro. El fragor de sus discursos, la dureza de sus señalamientos, la firmeza con la que esgrime el dedo acusador sobre el empresariado, las empresas que conducen y los medios que manejan, o la manera como culpa a los congresistas de atravesarse a su proyecto, bien se podrían esgrimir como el motivo de acciones violentas. Pareciera que, con Petro, estamos ante un líder con una enorme capacidad de movilización y una influencia política tan fuerte que lleva a la gente a actuar por la fuerza. Pero esa capacidad no es real. Sus convocatorias al "pueblo" para que salga a las calles a "defender las reformas" no han tenido respuesta efectiva. Tanto que en las tres "movilizaciones" realizadas, sus ministros han tenido que recurrir a todo tipo de estímulos y ofrecimientos para que la gente salga a la calle a apoyar a su Presidente. Ha sido tan pobre que los funcionarios públicos, contratistas y beneficiarios de programas gubernamentales parecen ser los únicos clientes fijos de sus marchas. Es tan débil el apoyo social que ni siquiera el 27 de septiembre, cuando "echó la casa por la ventana", se produjo la macromovilización política y social que se esperaba. Si Petro es un líder capaz de inspirar acciones violentas en ciertos grupos sociales, ¿por qué no logra movilizar a los ciudadanos del común en favor de su causa? La respuesta es simple: porque la gente todavía no sabe cuál es la causa que Petro defiende. Más allá de denunciar los abusos y las injusticias cometidas por los más ricos, el Presidente no logra estructurar un proyecto –una causa– que la gente identifique como el gran conector de todas las reformas, como la razón por la cual salir a las calles. Pero si Petro es un político que entiende que la violencia en su gobierno va en contra suya, ¿por qué los violentos persisten en sus acciones? La respuesta también es simple. No han entendido que las condiciones han cambiado. Que los gobiernos de derecha reaccionaban asustadizos a sus expresiones violentas. Les daba miedo que los acusaran de antidemocráticos o racistas. Y por eso cedían a todo lo que se les pedía. No se dan cuenta de que están en la presidencia de Petro. Que no están en el "régimen de las injusticias" que cuestionan. Ni ante las políticas del Centro Democrático, el Partido Liberal o los conservadores. Es el gobierno de Petro el único que está en la escena. El único al que afecta su violencia. Petro será un buen líder, pero es un mal político, dirán unos... será un buen político, pero es un mal líder, pensarán otros... Lo cierto es que no solo debe ser capaz de gestionar un proceso de cambio, sino sobre todo debe tener la claridad para estructurar el proyecto de cambio. Identificar el punto al que se quiere llegar y señalar la hoja de ruta para arribar allí. Debe entender que la parte más difícil del camino (llegar a la presidencia) ya se ha cumplido. Que lo que sigue es construir el motivo por el que la gente quiera salir a marchar.