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Opinión

Brillar y opacar

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
6 de enero de 2024

Explora los vínculos que sanan y enferman. Descubre cómo algunos lazos fomentan el crecimiento personal, mientras otros, basados en el control, lo limitan y consumen.

Por Olga Leonor Hernández B. Hay vínculos que sanan, hay vínculos que enferman. Hay vínculos que permiten crecer, otros que van secando poco a poco al otro hasta dejarlo casi sin fuerzas. Los vínculos que sanan son los que permiten que el otro sea lo que realmente es. No es que no haya exigencias o que no se espere nada, sino que se entiende que nadie, ni siquiera las personas cercanas, están allí para hacernos felices ni para ajustarse a nuestras expectativas. Es realmente hermoso eso de entender que, si el otro me permite ser, me sano. Eso significa, simple y llanamente que el remedio ha estado siempre en mí, que la aceptación y el amor incondicional me permiten que salgan a flote mis verdaderas posibilidades. No hay nada que nos impida brillar. Los vínculos que enferman advierten peligro en la espontaneidad y felicidad de los demás. necesitan que les hagan caso, que el otro se disminuya y se anule para perder el miedo a aparecer. Necesitan obtener su seguridad en la posibilidad de tener a otra persona sometida. Se victimizan cuando la otra persona pone límites, juegan el juego macabro de lograr que el otro piense que tiene libertad, que es su elección vivir así, que todo es por su bien. Esas personas tal vez aprendieron que el mundo es un lugar peligroso y necesitan poner todo bajo control, lo someten todo a su estilo y sus reglas, esterilizan su cotidianidad para disminuir todo riesgo de sufrir. Y si, viven una vida sin riesgos, pero opaca, llena de apatía. Van por la vida intentando opacar a los demás, molestos con el brillo del otro porque les recuerda esa vida que son incapaces de vivir. Van por el mundo llenos de una permanente frustración porque no es posible que todo marche a su antojo. Se mantienen cargados de angustia por evitar perder el escaso equilibrio logrado y terminan envenenando poco a poco su vida y la de las personas que las rodean de cerca. He sido testigo del momento exacto en que una persona se revienta. Es profundamente doloroso ver que alguien tiene el poder de apagar la fuerza de otro. Que una sonrisa se quiebre y aparezca una mueca de dolor. Y más doloroso aún es ver como quien rompe al otro lo hace convencido de que es necesario, que las cosas son así, sin entender por qué los demás no lo logran ver. Es triste ver que quien se apaga se somete, convencido también que dejar de brillar es su única opción, A veces los cambios solo ocurren cuando llega la rebeldía y, a pesar del miedo, vamos en dirección a donde podemos encontrar nuevas formas de revelar nuestro verdadero ser. Sabiendo que, los peligros que nos habían vendido tal vez no sean tan ciertos.