
Bogocentrismo, lastre para regiones

El "bogocentrismo" en Colombia frena el desarrollo regional con recortes presupuestales. Córdoba, emblemática, pierde recursos vitales, reflejando escuelas y hospitales afectados.
Por Félix Manzur El centralismo desmedido en Colombia, conocido como bogocentrismo, sigue castigando a las regiones con tijeretazos presupuestales que frenan su desarrollo y bienestar. Mientras la capital absorbe gran parte de los recursos y las decisiones se toman desde un escritorio en Bogotá, departamentos como Córdoba sufren recortes millonarios que afectan infraestructura, educación, salud y crecimiento económico. El caso de Córdoba es emblemático. La reciente reducción de 1,3 billones de pesos en su presupuesto y la pérdida de 75 mil millones en regalías representan un golpe letal a proyectos fundamentales. Estas cifras no son meras estadísticas, sino el reflejo de escuelas sin pupitres, hospitales desabastecidos y carreteras en ruinas. Es la condena al atraso de una región que, como tantas otras en el país, lucha por salir del abandono estatal. El problema radica en que las decisiones sobre la distribución de los recursos se toman bajo una lógica centralista, donde la mirada del Gobierno Nacional prioriza la capital y posterga las necesidades del resto del país. Bogotá, con su infraestructura consolidada y su acceso privilegiado a los recursos, se convierte en la consentida, mientras que regiones como la Costa Caribe, el Pacífico y el sur del país deben mendigar lo que les corresponde por derecho. El modelo centralista no solo afecta el desarrollo de las regiones, sino que perpetúa la desigualdad. La descentralización prometida en la Constitución de 1991 quedó en el papel, mientras los gobiernos de turno continúan manejando el presupuesto con criterios políticos y no de equidad territorial. Córdoba, a pesar de su riqueza natural y su potencial productivo, sigue relegada por una política nacional que privilegia la burocracia bogotana sobre la inversión real en las regiones. Es urgente que los líderes locales, parlamentarios y sociedad civil alcen la voz contra este saqueo disfrazado de ajustes fiscales. El país no puede seguir permitiendo que el progreso sea un privilegio de Bogotá mientras el resto de Colombia sobrevive con las migajas de un presupuesto que debería distribuirse con justicia. La descentralización debe ser una realidad y no una promesa vacía.