
Bodas de Diamante

Hace 60 años, una joven sanmarquera de 22, Nohorys Sofía Bárcena Isaza, aceptó ser la esposa de un joven sampuesano de 24, Ramiro Antonio Ensuncho Álvarez. Se casaron una mañana de domingo, ante la Santísima Trinidad de San Marcos. Y eso entraña para nosotros, sus hijos y nietos, una enorme dicha y un eterno compromiso.
La Santísima Trinidad nos recuerda que Dios es Padre Creador, Hijo Redentor y Espíritu Santificador. Como cristianos de verdad, los católicos sabemos que esta característica divina está conectada de manera directa con la Sagrada Familia: San José, Jesucristo y la Virgen María. La Santísima Trinidad es en el Cielo lo que la Sagrada Familia es en la Tierra. De igual manera, haber nacido y crecido en San Marcos es para nosotros un gran privilegio y una enorme responsabilidad. Como sanmarqueros estamos llamados a dar testimonio; debemos ser evangelio del Dios vivo porque llevamos en nuestra carta de identidad a uno de los cuatro evangelistas, que son los principales divulgadores de la vida y obra de nuestro Señor Jesucristo. A Él esta oración de Acción de Gracias familiar, por permitirnos llegar a esta fecha. Con la certeza cotidiana de que nuestro Padre, don Rami, se encuentra en el Reino de los Cielos y desde allí celebra con nosotros. Agradecemos a Dios, Trino y Uno, porque ha sido grande y misericordioso con nosotros en estas seis décadas. Porque nos ha brindado un hogar, que es más que una casa, y nos regala día a día los alimentos, que son más que provisiones. Gracias, Señor, porque nos has dado la humildad para entender que no somos perfectos y la sabiduría para entender que nuestros hermanos tampoco lo son. Gracias, Señor, porque has perdonado los pecados que hemos cometido contra nuestra parroquia y nos has permitido perdonar los pecados que nuestros vecinos han cometido contra nosotros. Gracias, Señor, porque has perdonado los pecados que hemos cometido contra San Marcos y nos has permitido perdonar los pecados que nuestros paisanos han cometido contra nosotros. Gracias, Señor, porque has perdonado los pecados que hemos cometido contra Colombia y nos has permitido perdonar los pecados que los colombianos han cometido contra nosotros. Gracias, Señor, porque nos has perdonado los pecados que hemos cometido contra nuestros hermanos y nos has permitido perdonar los pecados que nuestros hermanos han cometido contra nosotros. Gracias, Señor, por ser el centro de nuestras vidas y nuestro camino hacia la vida eterna. ¡Bendito seas, Dios Todopoderoso, porque somos tus hijos y, por lo tanto, todos formamos parte de la misma familia! A ti todo el poder, el honor y la gloria. Hoy y siempre. Amén.