
Bestias feroces

Cicerón y el tiranicidio: reflexiones sobre el poder y la ética. El autor critica a dictadores y autoritarismos, abogando por libertades y una sociedad más justa.
Por Álvaro Bustos González* Decía Cicerón que entre los tiranos y la sociedad no existe lazo jurídico alguno, debiéndose expulsar del cuerpo social "a los seres que con figura de hombres encubren la crueldad de las bestias feroces". Y agregaba: "La filosofía elevará la muerte dada al tirano al más grande de los deberes, negando la cualidad de hombre al que no quiere formar parte de la comunidad de derechos que constituyen las sociedades, ni de la comunidad de sentimientos que une al género humano". Tomarse el poder a partir de la insatisfacción de la gente a través del voto, con su respectiva camarilla, para luego enseñorearse en él y perder el sentido de la realidad y la decencia republicana, desencadenando toda suerte de perturbaciones en la comunidad, no puede ser propio sino de psicópatas y desalmados, cuyas raíces no tienen, de ninguna manera, un origen divino, como se pensaba de los reyes en la Edad Media. Qué manera tan burda y abusiva de referirse al pueblo la que tienen los dictadores, una recua de badulaques que portan eructos e intestinos como cualquiera, lo que los inhabilita para sentirse predestinados, olvidando que tarde o temprano van a terminar como la mayoría de sus pares y secuaces, colgados en el socavón putrefacto de la Historia. Y qué forma tan ambigua y asquerosa de justificar lo injustificable, so pretexto de que hay que mantener unos diálogos en pos de la paz y las transiciones democráticas, haciendo presencia en un acto espurio como el de la posesión arbitraria del sátrapa de Venezuela. Ni las revoluciones ni los autoritarismos de cualquier signo han servido para dignificar al hombre. Ninguna ideología, cualquiera sea su cariz, es capaz de englobar en sus postulados y en su praxis el bien general. Ni la codicia desmesurada ni el odio de clase han contribuido al disfrute de una vida mejor y más ética. Habrá que reformular este escenario de atrocidades para conferirles un mayor decoro a nuestros semejantes a través de principios filosóficos y jurídicos; pero esto solamente será posible respetando las libertades políticas, económicas e intelectuales, confiriéndole a la razón, derivada de la ciencia, y al humanismo, discípulo de la cultura, el poder de convocar a un progreso más equitativo, en el que la educación ilustrada sea la base de la convivencia. Mientras tanto, ante los ojos de la justicia, solo queda optar por el tiranicidio, aunque se horripilen los biempensantes. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ.