
¡Basta ya!

Con pesar o si se quiere con dolor de patria, debo manifestar que yo no veo por ninguna parte que esté cercano el día en que podamos salir de este abismo en que está sumida Colombia y al cual nos llevó un Gobierno que se dedicó, no a gobernar sino armar peloteras con todo el que no se inclinara reverente y abyecto ante las decisiones.
Con pesar o si se quiere con dolor de patria, debo manifestar que yo no veo por ninguna parte que esté cercano el día en que podamos salir de este abismo en que está sumida Colombia y al cual nos llevó un Gobierno que se dedicó, no a gobernar sino armar peloteras con todo el que no se inclinara reverente y abyecto ante las decisiones, embelecos y caprichos ideológicos del primer mandatario, como si todos los colombianos estuviésemos obligados a acatar de rodillas todo lo que se le ocurra al reyezuelo con ínfulas de dictador. Parece exagerado, pero no lo es, que cada día transcurrido, lo primero en emerger en el acontecer nacional ha sido una pelotera gestada, originada y propiciada por quien oficia como presidente de la República. Es un hecho cierto que nadie puede negar, pues es una realidad manifiesta e incontrovertible. No hay sector de la población colombiana que no perciba esto así. Y lo peor es que cuando creíamos que por fin el primer mandatario se iba a dar cuenta de que el ánimo y la actitud "confrontacional" no le convenía ni a su gestión gubernamental ni mucho menos al país, porque ya su mandato lo tiene con el sol a sus espaldas, su ADN camorrista, increíblemente, se agudizó y las consecuencias están allí: el atentado criminal contra un candidato presidencial que lo tiene al borde de la muerte. ¡Qué mal se le está haciendo al país con tales comportamientos gubernamentales! Sobre todo, porque provienen de quien tiene la obligación política, administrativa, constitucional y moral de procurar y bregar que en el territorio donde ejerce su mandato se aclimate la paz y la armonía social y colectiva. El peor de los males que se le puede infligir a una nación es, sin duda, que en vez de buscar y propender porque se instaure en el territorio un clima de hermandad, confraternidad y de discurrir armónico, bases insustituibles de una sólida convivencia social, que es una condición sine qua non para que se cumplan los parámetros fundamentales de un Estado Social de Derecho, se acuda al exacerbamiento de los ánimos, al confrontamiento o, dicho en términos sencillos y populares, a la pelotera incesante e hiriente con el objeto de satisfacer caprichos y egos ideológicos. ¡Dios guarde a Colombia y que el candidato Miguel Uribe Turbay se salve!