
Bases del aprendizaje

De manera que el proceso de aprendizaje, metafóricamente, está lleno de sudor y lágrimas.
Recomendaba en días pasados Arturo Pérez Reverte, en una carta a una adolescente, viajar mucho, leer mucho y pensar mucho alrededor de la historia, la filosofía, el arte y la ciencia, que constituyen el substrato ideal para que una mente juvenil desarrolle al máximo sus potencialidades. Esa recomendación, desde luego, presupone que la joven tendría la vocación de aprender. Pérez Reverte no habla de la enseñanza, porque los profesores y maestros, como ya se ha dicho, no pueden transfundir sus conocimientos: solo exponerlos de tal manera razonada y analítica que despierten en el alumno el interés por los temas tratados. En este punto conviene recordar a Borges, quien decía que él no enseñaba literatura inglesa, sino el amor por la literatura inglesa. Esto, sin embargo, no es posible, en el nivel superior, con base en youtuberos y recreacionistas. He creído que la mejor manera de estimular a los estudiantes universitarios, quienes deben llegar suficientemente motivados a su carrera, es tratarlos como personas inteligentes, capaces de discernir, de dudar y de llegar a conclusiones lógicas. El error, hoy en boga, es suponer que el esfuerzo sostenido y disciplinado los puede afectar emocionalmente, y es al revés: a medida que la constancia y el deseo de aprender van dando sus frutos, el alumno se siente mejor consigo y luce con mayor seguridad sus aptitudes. ¿Por qué hablo del esfuerzo en estos tópicos? Porque la neurona aprende es a través de la repetición, dele que dele. Una sola lectura de un tema es insuficiente, pero varias lecturas, desde distintos ángulos, con sus respectivos matices, va formando indefectiblemente un sedimento de conceptos y desvelando las múltiples facetas de la realidad, o de la verdad, que son necesarias para comprender la vida. El esfuerzo para recordar lo leído pone en juego al hipocampo, la estructura del cerebro que alberga la memoria aprendida, mientras que aquello que se asimila en virtud de un impacto emocional, de algo inesperado, se queda en la amígdala, otra estructura del cerebro muy importante en el proceso de aprendizaje, en especial cuando una obra cumbre nos produce un estremecimiento estético a través del estudio de la condición humana, por ejemplo, como suele suceder con la gran literatura. De manera que el proceso de aprendizaje, metafóricamente, está lleno de sudor y lágrimas. Así es como se forja el carácter y se justifica la existencia de las universidades. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.