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Opinión

Barranquilla es Cepeda Samudio

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
28 de noviembre de 2025

Dentro de cuatro meses, el Lunes Santo, celebraremos los primeros Cien Años de un hombre que transformó una ciudad. La frase podría parecer exagerada para algunos, pero no es cualquier hombre, ni tampoco es cualquier ciudad.

Se trata del Nene, el cabellón, el loco, el soñador, el genio, el escritor, el cineasta, el periodista, el rebelde, el empresario, el publicista, el irreverente, el papá, el primo, el bohemio, el padrino, el referente, el toro, el cazador, el amante, el encantador, el camaleón, el estudiante, el caimán, el brother, el bacán, el hijo, el donjuán… y hacen falta muchas palabras para definir al hombre de los bucles, la sonrisa y el tabaco. Ella es la alegría, la musa, la loca, la sabrosa, la rumbera, la inspiradora, la cumplida, la empresaria, la trabajadora, la Arenosa, la bailarina, la elegante, la encantadora, la bella, la madrugadora, la hembra, la trasnochadora, la salsera, la champetúa, la novia, la rockera, la vallenatera, la de la Inmaculada Concepción, la barroca, la clásica, la esposa, la consentida, la jazzista, la concubina, la conquistadora, la celestina, la fiel, la carnavalera… y también hacen falta palabras. Palabras. Justo lo que Álvaro El Grande sabía juntar, dibujar, abrazar, decir, palpar, separar, gritar, nunca callar, sumar, restar, multiplicar, dividir, pontificar, integrar, dilucidar, manifestar, parir, alimentar, formar, administrar, consentir y sacar a bailar. Nunca antes, ni después de él, Curramba se expresó de tal manera que a todos se nos dibuja una risa al recordarla. Porque eso fue, es, y será Álvaro Cepeda Samudio: la encarnación de la alegría de una ciudad que no se cansa de progresar ni de celebrar. Ese fue su sello personal. El perfume que dejaba al pasar. La miel que irradiaba y que hacía que gentes tan distintas se sentaran alrededor suyo. Porque Cepeda Samudio convocaba. Y regañaba. Y dictaba cátedra. Y amonestaba. Pero también exhortaba. Exaltaba. Inspiraba. Y Quilla lo escuchaba. Lo leía. Lo imitaba. Lo consentía. Ejercía sobre ella una autoridad Real, como nadie más supo hacerlo en la Puerta de Oro. Porque para reinar en el Caribe hay que saber bailar, como me dijo una vez un amigo quillero. El gran legado del Tío Nene no es solo su magnífica obra literaria, periodística, cinematográfica, empresarial y publicitaria; sino algo que va más allá de las palabras, las imágenes y los números. Es una conciencia excelsa de ser transitorio y estar en el mundo para celebrar. Con otros. Junto a otros. Para otros. Incluso cuando los otros son radicalmente diferentes. Celebrar la diferencia. Así interpreto la estética vitalista de Álvaro Cepeda Samudio. Y la de nuestra amada Barranquilla. Por siempre. Amén.