Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Autenticidad es poder

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
27 de abril de 2024

Diógenes, el filósofo cínico, desafió el poder en la antigua Grecia. Hoy, su lección sobre la autenticidad ante las jerarquías sociales sigue vigente, instando a valorar la dignidad.

Por Glenda K. Fuentes En el bullicioso ágora de la antigua Grecia, Diógenes, el filósofo cínico, desafiaba las normas establecidas mientras disfrutaba de su humilde almuerzo en el suelo. En ese momento, un ministro del emperador se acercó con arrogancia y le espetó: "¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y a adular al emperador, no tendrías que conformarte con comer lentejas". La respuesta de Diógenes resonó con un desafío desafiante y una claridad sorprendente: "Si tú aprendieras a comer lentejas, no tendrías que sacrificar tu dignidad y adular tanto al emperador". Esta poderosa anécdota no solo nos transporta al pasado, sino que también arroja una luz incómoda sobre las dinámicas de poder y las jerarquías sociales que aún persisten en nuestra sociedad. Nos enfrentamos a un mundo donde el valor de un individuo a menudo se mide por su posición, número de seguidores, riqueza o estatus social, perpetuando así una estructura de poder que despoja a muchos de su voz y dignidad. Desde una edad temprana, algunos aprenden a venerar y reverenciar a aquellos que ostentan el poder, el dinero o la fama, mientras se minimiza a quienes ocupan roles más modestos o menos visibles. Este grave error engendra una cultura de frustración, sumisión y conformidad, donde la autenticidad suele sacrificarse en el altar de la aceptación social y el éxito superficial. Es un total desacierto creer que el dinero y la posición son los únicos indicadores de éxito y valía. ¿Cuántos genios, millonarios y famosos no son un desastre en su vida personal? ¿No llevan una vida solitaria y vacía cuando se apagan las luces? No digo que el dinero y la posición no generen satisfacción y no sean una recompensa al esfuerzo y la dedicación; lo que digo es que el verdadero privilegio lo tenemos desde que abrimos los ojos en este mundo. Y ser genuino es una de las formas de disfrutarlo. Una cosa es admirar y resaltar los logros y cualidades de los demás, y una muy distinta es ubicarse en un lugar social que se le permita a otros pisar nuestra dignidad o que se nos valide según lo que tenemos o hemos alcanzado. Inspirarse en lo que ha hecho alguien, en cómo se expresa o en lo que ha alcanzado, sin renunciar a nuestros ideales y a nuestra esencia, es crear un mundo propio y una mejor versión de nosotros mismos. Más aún, arrodillarse ante el "maestro de turno" o al "político que manda", es llegar a ser nada más que un loro, una copia de un original o aún peor una marioneta. Finalmente, como dijo Martin Luther King: "Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda". La gente se agranda porque existen aquellos que flaquean, ser auténtico es poder para mantenerse erguido.