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Opinión

Ausencias que son una verdadera derrota

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
31 de agosto de 2023

La muerte, implacable e inevitable, genera ausencias que duelen. El artículo explora cómo la vida compartida y el amor pueden paliar el dolor de la pérdida.

Por José Armando Benítez Tuirán La muerte lo que tiene es que es dictatorial a la hora de imponerse. No sabe de negociaciones ni de consensos y mucho menos de concesiones. Aunque hay que reconocer que en su despliegue es democrática, incluyente, integradora y nunca discriminadora, para todos… habrá. De niño entiendes que la inmortalidad no existe, ya sea porque te lo explican o porque la vida te lo enseña a golpes, llevándose sin más a alguien querido. Y crees que entre más pasen los años, que entre más te vayas haciendo mayor, la idea de que la muerte puede llegar sin avisar y arrebatarte a alguien será más fácil de aceptar, de asumir. Nada más alejado de la realidad. Puede que el dolor incluso sea peor. La muerte provoca ausencias difíciles de enfrentar y que nunca dejan de doler. Ausencias que, contradictoriamente, comienzan a hacerse presentes. Son espacios de amor, afecto y cariño que quedaron vacíos y que no se pueden llenar porque no tienen recambio. Y quizás aquí, en este punto, es cuando esa persona que ya no está se hace eterna para nosotros, se reviste con un poco de inmortalidad, inmortalidad que le concedemos al recordarla, al evocarla, al tenerla presente en nuestro día a día. Contrariamente a lo que dice Cortázar; creo que hay ausencias que son una verdadera derrota. Y nos toca convivir con ellas, no hay más remedio. Para contrarrestar la muerte, solo tenemos la vida. Y es lo que hagamos en ella, lo que nos permitirá que esas ausencias sean más llevaderas. Entonces, aunque no haya remedio contra el dolor, si hay tal vez un paliativo: la vida compartida. Es hoy cuando podemos forjar la fuerza para enfrentar una pérdida, pues solo lo que ofrezcamos en vida a los nuestros, nos servirá para no sentirnos tan desolados cuando ya no estén. Nuestro tiempo es lo más valioso que podemos entregar a alguien, una vez aparece la muerte, se acaba todo, no hay segundas oportunidades. Por eso es tan importante usar el tiempo de vida que tenemos compartiendo con los que queremos, siendo menos orgullosos a la hora de aceptar los desaires, dejando de lado las nimiedades y las trivialidades, procurando por los que amamos y disfrutando de su compañía o de su conversación. No esperemos para demostrar el amor a los nuestros. Pues como dice un salmo: "El viento sopla, y desaparecemos, como si nunca hubiéramos estado aquí".