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Opinión

Aterrizando

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
2 de julio de 2026

Cuando una persona "vive en las nubes", lo normal es que su círculo social, empezando por la escuela, le diga que "aterrice" para que ponga los pies sobre la tierra firme, porque en esta es donde puede realizar sus "sueños". El símil es un viaje en avión o globo donde el tiempo se convierte en la espera entre el despegue y el aterrizaje, que se utiliza para pensar, leer, hablar con el vecino o dormir. No hay muchas opciones.

El presidente Gustavo Petro ha realizado cerca de 73 viajes internacionales desde el inicio de su mandato en agosto de 2022. Estos desplazamientos han acumulado más de 270 días fuera del país, acercándolo casi a un año de estadía en el exterior y permanencia en las nubes, cuando lo actual de la diplomacia a raíz del desarrollo tecnológico de las comunicaciones hace innecesario gran parte de estos periplos y, de paso, disminuir los gastos de desplazamiento con sus comitivas. La justificación de los viajes fue la idea de "vender" a Colombia como “potencia mundial de la vida” engendrada en la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático, sin tener en cuenta que los habitantes del territorio se sentían inseguros para producir y vivir, porque el Estado no era confiable por estar sesgado hacia los intereses de unas minorías que usufructuaban los recursos que la gran mayoría aportaba con su trabajo. A raíz de esta situación, el pueblo colombiano, el constituyente primario, decidió en las elecciones para elegir nuevo presidente de la república para el período 2026-2030, un cambio de políticas y la forma de administrar, abriendo el espacio para que las iniciativas y proyectos que desarrollen el país se asienten en el territorio nacional, porque cuando un pueblo tiene alimentación, techo y vestido, lo demás viene por añadidura generada en el proceso productivo. Desde luego que el orden de esto no es lineal, pero lo cierto es que, a medida que la población sale de la pobreza, van floreciendo con más impulso los talentos plasmados en las artes, la ciencia, la tecnología y tirando al cuarto del olvido, aquellas pretensiones de aprovechar las carencias de la gente para mantenerlas protestando en vez de trabajando, como derrotero utilizado por sectores afines en el continente americano. La realidad es que estamos en un sistema democrático y no se puede acceder a él para destruirlo o acabarlo. Por el contrario, hay que trabajar para aterrizarlo y llevarlo a potencia mundial del desarrollo, direccionando la participación de su población que, a medida que avanza, va engrosando ese "ejército" necesario para alcanzar ese otro nivel tan deseado y negado por las fuerzas que, con sus prácticas o inoperancia, lo han impedido.