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Opinión

Así no es

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
30 de enero de 2025

La política exige menos que el mercado laboral, frenando el desarrollo. La brecha entre ambas se acentúa con la tecnología, y el marco jurídico no se adapta. Colombia refleja esta problemática.

Por Fernando Negrete Montes Los requisitos para ejercer la política son mínimos respecto de los establecidos para desempeñarse en un mercado laboral competitivo que necesita del conocimiento asociado a la práctica para generar un servicio o producto con las mejores calidades para satisfacer los consumos de una sociedad que se vuelve cada vez más exigente porque también se prepara y conoce este mundo cambiante dentro de reglas de obligatorio cumplimiento para todos. A raíz del cambio tecnológico impulsado principalmente por el ciudadano organizado en sus empresas para prestar un servicio o llevar un producto al mercado y que debe elaborarlo o comprar la fórmula para lograr este cometido, la diferencia entre política y ciencia se acentúa porque aquella evoluciona de manera lenta obstaculizando el desarrollo de la segunda, lo cual queda demostrado con el marco jurídico desadaptado a las nuevas circunstancias creadas por la sociedad. El desarrollo va del ciudadano a los gobiernos quien en los primeros tiempos solo veía necesario servir unas funciones de seguridad, defensa, infraestructura y dictar normas que permitieran resolver los conflictos y garantizar derechos para las personas y sancionar a los infractores, hasta que lo público pasó la frontera e invadió esferas de la producción formando empresas públicas que más temprano que tarde se volvieron ineficientes y con un alto costo en términos de mala calidad y costo de productos. Sin desconocer que la política supera la mala fama de quienes la ejercen en beneficio particular y que alrededor de ella se tejen altos niveles de corrupción y que es característica de su ejercicio, especialmente en los países con mayores niveles de pobreza y desigualdad, la política se considera una ciencia social con un método científico para estudiar su teoría y práctica, las relaciones de poder, las instituciones, las ideologías y procesos políticos, de los que la mayoría de la gente solo se interesa cuando hay elecciones. Resulta que por la trascendencia que ha tomado el ejercicio del poder, la primera autoridad político administrativa debe ser la persona más conocedora, ecuánime, conciliadora que entienda que está al frente del país y que sus decisiones y acciones afectan a sus gobernados para los cuales trabaja, además de tener la mente abierta para entender que estaba equivocado y que el ejercicio del poder es administrar lo construido buscando mejorarlo para alcanzar a los que van adelante con el concurso de todos. Hoy Colombia semeja el caso de las personas que juran y perjuran de un hecho como real y cuando se demuestra la falacia, solo se sacuden y vuelven por otro y así, indefinidamente, porque no hay una sanción social ejemplarizante, pero que a nivel presidencial ocurra como norma de conducta, nos deja al garete e indignados porque no se lidera y hace lo requerido para avanzar y sobrepasar con trabajo, a quienes nos llevan la delantera.