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Opinión

Así decidimos

Remberto Burgos de la E.
Remberto Burgos de la E.
Columnista
2 de diciembre de 2024

La intuición, una percepción directa de la verdad, se basa en decisiones rápidas e inconscientes. El cerebro usa dos formas para decidir: lenta y racional, o rápida e instintiva. Conciencia y coherencia cardíaca influyen en nuestras decisiones.

Por Remberto Burgos de la Espriella Difícil definir las intuiciones, quizá la percepción directa de la verdad y realidad sin que entre a funcionar la mente racional. En neurociencias la aceptamos hoy como la toma de decisiones rápidas e inconscientes basados en patrones y experiencias previas. Es escuchar lo que el cuerpo dice y empezar a entender las señales del mensaje. Las personas sienten en el cuerpo cuando llega la intuición: relajación, claridad, sorpresa. Siempre se ha dicho que la intuición, en su forma más pura, tiene la razón: hay que seguirla disciplinadamente. El cerebro utiliza dos formas para decidir: una forma lenta, racional, estudiando y analizando todos los factores. Y la otra, rápida, instintiva que podíamos precisar como automática. Platón dividió el alma en una parte apasionada y otra deliberativa. Kant introdujo la emoción y la razón en las decisiones morales. Aparece una falla en la toma de decisiones cuando actuamos en forma rápida, "inconsciente", nos podemos equivocar. La decisión lenta más reposada y reflexiva, meditada y detallada, se toma después de una evaluación en la escala de valores y quizá con pocas posibilidades de desacierto. Para la toma rápida el cerebro se basa en dos consideraciones: el uso de procesos y la aplicación de las etiquetas emocionales. Estas son marcas tabuladas que contienen información sobre la valencia y su intensidad. Ingresa la conciencia, el director ejecutivo de la mente, con amplios poderes para modificar los conceptos y decisiones. Es la que le da sentido a la nueva información y respuesta para que esta se adecue al entorno. Muchas veces las decisiones que tomamos no son las adecuadas y el pensamiento rápido se aleja de la racionalidad. Estos atajos los conocemos como heurísticos y son reglas de pensamiento que no se basan en un cálculo cuidadoso. Los humanos realizamos evaluaciones sobre personas y objetos en fracciones de segundo, se dice que demora lo que dura un parpadeo. La pregunta que surge es sobre el matrimonio entre corazón y el cerebro, ¿existe? Un paciente con patología cardiaca y quien no tiene un flujo de información al cerebro tendrá dificultades para precisar sus emociones y vivirá un ambiente de incertidumbre. Hay una comunicación entre el cerebro y el corazón: entre mayor coherencia cardiaca el cerebro se hace más joven y se incrementa la atención. Intuición, disposición rápida y conciencia para concluir lenta y racional construyen nuestra decisión. Diptongo: "Cuando las oportunidades no llamen a tu puerta, construye una." Milton Berle.