
Asesoría psicológica

Si llegó tarde, asesoría psicológica; si perdió un examen, asesoría psicológica; si apareció enguayabado, asesoría psicológica; si se durmió en clase, asesoría psicológica; si lo dejó el bus, asesoría psicológica; si lo encontraron copulando en un pastizal anexo al parqueadero, asesoría psicológica; si se murió su abuelita, asesoría psicológica; si se distrae con el celular en el aula, asesoría psicológica; si tiene sueños eróticos, asesoría psicológica; si no se somete a la dictadura de la inclusión y el globalismo, asesoría psicológica; y si le gustan las mujeres, asesoría psicológica, porque es un acosador.
Pero si consume alucinógenos en un rincón, déjenlo que sea feliz; si juega dominó estrepitosamente en la cafetería de la universidad, golpeando con brusquedad las fichas sobre la mesa, o si juega cartas en el mismo lugar con la mirada tensa y desconfiada, como si estuviera en el Casino de Montecarlo, hay que dejarlo, porque eso hace parte del libre desarrollo de la personalidad y porque, además, "eso no está prohibido en el Manual de Convivencia". Y mientras tanto, las pruebas Saber Pro, estancadas; los promedios en las asignaturas, languideciendo; la mortalidad académica, forzosamente reducida; el prestigio colectivo, en barrena; la inasistencia a clases, en alza; los cambios inconsultos y las voladas de los turnos del internado, desatados. ¿Y la impotencia de las autoridades docentes?: bien, muchas gracias. Así está el país estudiantil. Estos desbarajustes comienzan y se instalan en las instituciones de enseñanza media y superior cuando desaparece la autoridad formativa, cuando prima la noción del bienestar y la vagancia frente al esfuerzo y la disciplina bienhechora; cuando el paternalismo complaciente se impone sobre el deber de contribuir, con base en la exigencia, a la formación del carácter, que es el mejor instrumento para afrontar las dificultades de la vida. Por ese camino se le está dando patente de corso a una falsa debilidad emocional que algunos jóvenes utilizan con carácter extorsivo, y a la irresponsabilidad discente, como si los alumnos fueran unos pobres diablos, incapaces de darle un sentido de rectitud y compromiso a sus vidas. Razón tuvo el doctor Marino Pérez Álvarez, psicólogo de la Universidad de Oviedo, España, cuando dijo que ya es hora de revisar la educación sobreprotectora y la tendencia a patologizar los problemas de los estudiantes, quienes siempre tendrán la obligación de asumir con seriedad y juicio sus compromisos académicos. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.