
Aprendiendo a caminar

La tecnología, con sus beneficios y riesgos, nos plantea un dilema: ¿Somos conejillos de indias? El uso excesivo ya muestra consecuencias, afectando a niños y adultos.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid Se podría decir que la humanidad es un principiante en la utilización de los avances tecnológicos actuales, de los que solo se conoce sus funciones, más no, las consecuencias buenas o malas de su exagerado uso, sencillamente porque no existen registros históricos que nos muestren daños o beneficios. Somos los conejillos de indias. Por lo tanto, lo mínimo que podemos hacer es tener prudencia en su consumo, porque los niños están en manos de los adultos, y peor, muchos adultos se han vuelto víctimas de esta adicción. Entonces, ¿Quién protege a los más frágiles? No negamos las bondades de la comunicación exprés, pero toda actividad del ser humano está dentro de los polos opuestos positivo y negativo, todo se mueve en ese rango. Parece que las consecuencias de las acciones u omisiones ya comienzan a perfilarse. Cuando el uso pasa a ser abuso, estropea el equilibrio sin importar la orientación hacia un lado u otro. Mentalmente se disipa o atrapa el pensamiento, raptándole la voluntad. Cuando nuestro hijo está en crecimiento recibe repetidamente muchas órdenes: camina erguido, aséate bien, respeta y respétate… etc., poco a poco esas orientaciones se instalan formando la personalidad que será su carta de presentación en la vida de adultos. ¿Cómo sería esa persona si no llevara consigo ese aprendizaje? ¿O si este hubiese sido opuesto? Cuando pretendamos en un futuro, desmontar las alteraciones producidas por el exceso de aparatos y redes, cuando ya se ha perdido el autocontrol de las emociones y se ha atrofiado la capacidad de imaginar, estaremos ante un paciente gravemente herido que cuenta con pocas defensas en su organismo. No es lo mismo parar a tiempo que desmontar estructuras ancladas profundamente. Detengámonos e imaginemos ese niño o joven de hoy en aparente estado de confort inconsciente, veinte años más adelante, cuando deba ser autónomo, enfrentado a las responsabilidades que exige ser adulto independiente. La experiencia nos enseña el valor del adiestramiento y la fortaleza, obtenidos por la práctica controlada y supervisada de cualquier disciplina coherente que propenda por el bienestar. No es represión, es el entrenamiento del pensamiento y de la toma de decisiones a partir de la práctica repetitiva de una idea controlada y debidamente analizada en su razón de ser. "Todas las juventudes se parecen. Es en la madurez cuando empieza la diferencia, nos diferenciamos en cómo resolvemos esa desazón originaria, en cómo abordamos el cruce de caminos que se nos presenta a la salida de la juventud." Rafael Chirbes Escritor y crítico literario español. No es lo mismo parar a tiempo que desmontar estructuras ancladas profundamente.