
Aprender a mirarte como mujer

Depender de la validación externa para la autoestima es una montaña rusa. Aprender a valorarse a sí misma es clave para la independencia femenina y el amor propio.
Por Omaira L Henríquez M. Normalmente cuando basas tu autoestima en lo que las demás personas piensen de ti, vivirás en una suerte de montaña rusa. Te sientes regia y radiante cuando la foto que subiste recibió muchos likes en Instagram, pero no es la misma suerte si te dicen que se te ve mucho un granito en tu cara, o que la blusa te queda mal entre otras. Aprender a moldear tu amor propio a través de tu propia mirada, es un ejercicio de independencia que conlleva tiempo, esfuerzo, dedicación y sobretodo muchas horas de reflexión, en mi caso me pasaba al igual que les pasa a muchas mujeres. Aceptaba cada cumplido, halago como el mejor alimento para mi ego, pero me sumía en una profunda tristeza cada vez que era criticado de alguna manera mi aspecto. Esa valoración mía que lucía por aquellos tiempos, era al parecer mi mejor gala, era un fantasma que aparecía únicamente cuando las condiciones externas eran propicias, pero desaparecían en cuanto no se cumplían mis expectativas de aceptación. Les cuento; no tuve ningún episodio especial en mi vida o algo que iluminara mi mente para cambiar, creo que simplemente me cansé de ver a esta mujer en los ojos de otros, me di cuenta de que esa imagen que me llegaba a través de sus perspectivas muchas veces o casi siempre estaba distorsionada. Dado que proyectaban sobre mi persona sus expectativas, tocándome a mí, de cierta manera lidiar ese desdoblamiento de la personalidad, debía manejar el de la mirada interna, propia ¿Quién soy yo? Y aquella mirada externa ¿cómo me ven? Por ello, mi identidad se mantenía en un equilibrio precario en medio de esas dos facetas de la realidad. Entonces, decidí con vehemencia, que ya era hora de aprender a moldearme desde mi propia perspectiva y no desde la que me rodeaba, como les decía esta escisión de la personalidad que viví es común en las mujeres de nuestra sociedad, me recuerda una cita del escritor londinense John Berger, quien escribió: "las mujeres se miran mientras las miran" estamos tan habituadas a ser vistas, observadas y criticadas por la mirada ajena que muchas veces nos queda imposible identificar nuestro verdadero yo, de aquel que en teoría tenemos que representar. Sin afanes dejé de escuchar los cumplidos, los elogios y también las críticas, accedí a herramientas que me ayudaron a buscar la conexión con mi aspecto físico de una forma sana, según fui edificando mi autoestima, pero indudablemente me fue necesario jugar el juego para aprender sus reglas, tuve la magnífica suerte de darme cuenta a tiempo y no seguir sumergida en la mortífera trampa de la aprobación ajena, muchas se encuentran aún allí completamente desvinculadas de su propia mirada. Y si alguna duda les surge, no estoy en contra de la belleza, de la industria estética, estoy en contra de las tiranías, me resulta genial que cada quien quiera verse atractivo, deseado, agradable de la forma que mejor crea es conveniente para conseguirlo; pero lo que sí rechazo categóricamente son los mandatos sociales de un sistema que juzgan o aprueban la valía de una mujer con base en su apariencia física, siendo esas normas sociales las que nos hacen entrar en profundo conflicto con nuestro cuerpo y con nuestra identidad. Sinceramente creo que la tarea de nosotras las mujeres es ardua para enfrentar estas dinámicas sociales, mientras tanto, podemos seguir participando en el juego mientras nos convenga, o cuando queramos, aceptando y aplicando las normas a nuestro antojo, eso sí, sin perder de vista que debemos buscar una perspectiva propia más allá de un juicio masculino, aprendiendo a sedimentar nuestra autoestima y amor propio muy por encima de esa validación externa, tomando como máxima: "esta soy yo, y no necesito tu aprobación".