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Opinión

Aprende a perder

Marta Sáenz Correa
Marta Sáenz Correa
Columnista
16 de marzo de 2026

Algo que debemos tener en mente es que no siempre podemos ganar. Aprender a perder es aceptar de una forma serena que la realidad externa puede ser contraria a los deseos internos, y que siempre se presentarán obstáculos en el camino que nos retrasarán o querrán que no avancemos.

El mejor modo de aprender a perder es tener la capacidad de aceptar las experiencias negativas con serenidad, sin inventar excusas que disfracen la realidad. También es recomendable no confundir un fracaso con el hecho de haberte dado por vencido antes de tiempo. Ganar y perder tiene grandes beneficios personales, porque mientras lo experimentamos, vamos a descubrir que somos buenos en algunas cosas y no tanto en otras. Los dos verbos, aunque uno más deseado que el otro, nos ayudan a reconocer quiénes somos y a desarrollar nuestro carácter. Ganar fortalece nuestro amor propio y mantiene viva la ilusión de avanzar hacia el próximo desafío. Ser vencedor es un premio al esfuerzo, una recompensa al sacrificio que se vivió en la preparación previa a la contienda. Un buen ganador reconoce el trabajo de los que le ayudaron en la preparación y hace sentir ganador a todo el equipo. Perder nos recuerda que debemos ser humildes para reconocer la superioridad de otros; es una oportunidad para admirar las virtudes de los demás. Perder nos ofrece el escenario perfecto para reconocer los errores cometidos, analizar la estrategia planteada, apreciar a los amigos que nos acompañan en momentos difíciles y reinventarnos de nuevo. Se aprende más con los fracasos que con los éxitos porque nos obligan a analizar desde otra perspectiva aquellos hechos por los que no hemos alcanzado los resultados esperados. Nadie nos enseña a perder, pero si nos enseñan a acumular premios, a conseguir buenas notas, y a ser mejores que los demás. Cuando sucede lo contrario, nos sentimos fracasados, inútiles y que no servimos para nada. Perder es toda una vergüenza, una situación humillante de la que intentamos escapar. No tengamos miedo a perder, porque solo gracias a esto podremos ganar. No debemos abatirnos si perdemos, ya que estaríamos renunciando a numerosas victorias posteriores. Cuando la frustración llega a nuestra vida, es muy difícil hacerle frente, y si no tenemos esa templanza que hace falta, todo se viene abajo. Los aprendizajes más valiosos siempre llegan en los momentos difíciles, y de las pérdidas podemos ganar sabiduría, a ser mejores personas, a alcanzar nuestro desarrollo personal e incluso, a sentirnos mejor con nosotros mismos. Aprovecha la circunstancia para reinventarte, mejorar, y superarte. "A veces se gana, a veces se pierde, pero siempre se aprende". Mafalda.