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Opinión

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Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
15 de noviembre de 2025

No hay que poder sola con todo, hay que aprender a levantar la mano y pedir ayuda.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante No hay que poder sola con todo, hay que aprender a levantar la mano y pedir ayuda. Hacernos conscientes de la red que podemos tener alrededor y activarla, porque aveces nos convencemos de la soledad cuando realmente lo que estamos haciendo es marinarnos en nuestra propia sensación de angustia, sin permitirnos hablar con nadie, suponiendo que vamos a molestar, incomodar o que todos están demasiado ocupados para sacarnos tiempo. Si, hay que levantar la mano y pedir ayuda y eso presenta una paradoja: tienes que hacerlo tu. Tu sola, tu haciéndote cargo de lo que sientes, tu dándote cuenta de tu dolor y sobrecarga, tu observando con claridad tus emociones, tu comprendiendo que si no hablas te vas a asfixiar, tu captando lo que necesitas para poderlo poner en movimiento. Resulta que pedir ayuda inicia con un movimiento intimo y personal y muy, muy solitario. Pero aveces, muchas veces, permanecemos en silencio, apartándonos de todos, como esperando que aparezca el o la salvadora, que sepa descoser el velo con el que me estoy cubriendo e invitándome a salir de allí. Y si, pasa que hay quienes nos expresan que están allí cuando lo necesitemos, pero el movimiento para hacerlo, para marcar el teléfono o textear ese mensaje, siempre será una primera jugada valiente y en solitario. La decisión de dejar de sentirse sola se toma en soledad. La decisión de hablar para pedir ayuda se toma en el silencio. La decisión de expresar lo que necesito se hace cuando ya pude saber, en contacto intimo conmigo qué es lo que me hace falta. Nada más bonito que la compañía auténtica de una persona amorosa que te acompaña, pero por más que te quieran, esa persona no puede reemplazar tu voluntad. Te pueden escuchar, aconsejar, ayudar a poner las cosas en perspectiva, analizar los pro y los contra, dar ideas y soluciones posibles, pero quien decide moverse eres tú y solamente tú. Duele muchas veces renunciar a la espera del salvador valiente que llegue a sacarnos de nuestra angustia y darnos cuenta que es una tarea personal. Solo puedo tener acompañantes, personas que me animen, que transiten conmigo parte del camino, que me ofezcan una mano, que me sonrían cuando lo necesito y me dejen llorar si lo requiero, pero no pueden ellos hacer la tarea que te corresponde. Y a pesar de que suena a contradicción: En soledad se elige tener compañía, no es tal cosa. Es tan solo la continuación consciente del mismo proceso, que inicia desde mi y sale afuera a buscar de dónde apoyarse para poder sostener la decisión que hemos tomado.